CAPITÁN  ELÍAS MARCONI DOLAREA.

 

 

 

I

El bombardeo de la Corbeta Esmeralda a Caldera debió matarlo, o las balas del Buin en la quebrada de Los Loros, o la fusilería del Séptimo de Línea en Cerro Grande, o las cientos de balas en Chorrillos, o el balazo en el estómago en Miraflores; sin embargo, Elías Marconi Dolarea murió de viejo en Vicuña.

II

De los héroes de Atacama hay dos fundamentales, y que la historiografía local suele olvidar: Juan “Chango” López (Copiapó 1825). En reciente texto de Wilfredo Santoro y Florentino Novoa, se denota su importancia. Éstos prometen publicar o re-editar dos textos de la autoría de López.
El otro caso, es la fascinante vida y obra de Elías Marconi Dolarea: escritor, periodista, soldado y revolucionario; además, primo de ese otro gran héroe atacameño, Rafael Torreblanca Dolarea y hermano del escritor y oficial de los Zuavos de Chañarcillo, Hilarión. Además, está emparentado con las familias más ilustres de Atacama.


Elías es esencialmente escritor y soldado. En él se funde lo mejor de Atacama. Cultísimo, valiente, amante de Atacama hasta la muerte. No hay rasgos de duda que por sobre la nación o por sobre su propio provecho, elige el amor por su tierra.


III


Nace en Copiapó el 20 de julio de 1835. Y muere en Vicuña, casi a los 84 años, el 24 de junio de 1918. Sus padres son: José María Marconi y Nicolasa Dolarea Vallejo. Esta familia estaba vinculada con los Torreblanca, Vallejo, Dolarea, Goyenechea y, fundamentalmente, con el ser de Atacama, jirones de la épica e ilustración de Atacama.
Se educa en los mejores colegios de Copiapó entre los años 1845—1852, y tempranamente gana una medalla de oro (1852) en un concurso de periodismo escolar.


También es minero precoz. Igual que el sargento Lindor Arenas Fraga y que Domingo Faustino Sarmiento, es administrador de algunas minas de Chañarcillo. A partir de 1853, se había dedicado a la minería. Luego, en 1858, cuando administraba la Hacienda “Ramadilla”, al este de Copiapó, lo convoca la revolución, que encabezan Pedro León Gallo y Pedro Pablo Muñoz. Con su hermano Hilarión, se enrolan como oficiales en los “Zuavos de Chañarcillo”, que comanda gloriosamente, don Olegario Carvallo.


IV


No son pocas las causas de la Revolución Constituyente, pero ésta viene de muy atrás, en el deseo mayúsculo de autonomía y justicia social. Al iniciarse, su hermano Hilarión Marconi Dolarea cae gravemente herido en el bombardeó de la Esmeralda a Caldera, el 18 de enero de 1859. Juntos habían participado en la toma del cuartel de Copiapó, el 5 de enero del mismo año; y, también, en el combate de Piedra Colgada, al este de Copiapó. Hilarión se convertiría en periodista, profesor de francés e italiano del legendario Liceo de Hombres de Copiapó. Se dedica a la escritura, y es secretario del Intendente Guillermo Matta, durante la Guerra del Pacífico. En el mármol del cementerio municipal de Copiapó descansan sus huesos.
Elías hace su primera gran marcha hacia la gloria desde Copiapó hacia el sur en el Ejército Constituyente. En la escaramuza de La Higuera, combate con el grado de teniente del batallón de los Zuavos de Chañarcillo y en la batalla de Los Loros (14 de marzo de 1859), la máxima gloria de los hijos de Atacama.


Iba vestido “con pantalón y chaleco blanco y levita azul, un sombrero de paño de copa alta, de color verde oscuro con una pluma al lado. Estos sombreros se llamaban constituyentes y eran los que en Francia se conocían con el distintivo de D’Artagnales o tiroleses”.
Encabeza con otros oficiales el ataque con corvos en la quebrada de Los Loros (La Serena Norte), y esto determina el triunfo constituyente. Las tropas nacionales sufren la mayor derrota militar de su historia. La osadía de atacar con el corvo minero, se volvería habitual en la historia militar de Atacama. Esta arma y su fórmula militar han recorrido el mundo, como lo señala la bibliografía, incluida la profusa peruana sobre el tema.


En la batalla de Cerro Grande (29 de abril de 1859), lucha denodadamente como capitán de la Cuarta Compañía del batallón Copiapó, y ve morir a sus mejores amigos; y, entre ellos, al poeta y comandante del Estado Mayor del Ejército Constituyente, Ramón Arancibia Contreras. Después de la batalla de Cerro Grande, las tropas se atrincheran en la plaza de La Serena. Él y otros oficiales son partidarios de continuar la lucha; sin embargo, el general Pedro León Gallo prefiere no sacrificar a su gente y elige el exilio.
Vive clandestinamente en la Región de Coquimbo. Es condenado a muerte en ausencia. En ese período recorrió esta región, hasta que en el gobierno de Joaquín Pérez (1862), se promulga la Ley de Amnistía. Estuvo en los minerales de Arqueros, Condoriaco, Tamaya y el valle de Elqui. En su calidad de clandestino, es avistado en las serranías de Vallenar.


Había participado en la fundación del diario copiapino, “El Constituyente”. De regreso a Copiapó es nombrado Secretario Municipal (1874). Al año siguiente funda “El Atacama” (1875), donde se publica el ideario radical con los hermanos Matta y otros célebres intelectuales de Chile. Su familia tiene imprenta y librería en la calle Chañarcillo; allí llegan las novedades mundiales como son los textos de Darwin, Castelar, Bilbao y otros. Copiapó se convertía en una capital intelectual, encabezada por Serapio Lois, Valentín Letelier y los Matta. También allí la familia Marconi publica la célebre Historia de Copiapó (1874) de Carlos María Sayago. Los Marconi son los primeros editores-libreros del norte, y que hoy es una alianza imprescindible de sobrevivencia y aporte en la cultura posmoderna.


V


A fines de 1879, cuando empiezan a morir los primeros atacameños en la Guerra del Pacífico, se enrola en el segundo batallón Atacama con muchos veteranos e hijos de veteranos de la Revolución Constituyente. Entre ellos, va el hijo del constituyente Miguel Mena.
Miguel Segundo Mena Araya (1859) murió de un balazo en la cabeza en los faldeos del cerro Zig-Zag en la batalla de Chorrillos (13 de enero de 1881), y su cuerpo fue encontrado momificado hace algunos años con su indumentaria, su bayoneta-sable, 29 balas y una libreta, donde relata el periplo del Regimiento Atacama desde Pisco hasta Lurín, en Perú; el mismo que señala Marconi en su corresponsalía de campaña.


En marzo y abril de 1880, el Atacama nº 2 completa su entrenamiento en Pisagua. El 27 de abril llega con su batallón a Ilo, y a partir de mayo se estaciona en Pacocha, al norte del valle de Sama. Marconi recupera su grado de capitán. Su batallón está en la reserva del Ejército Chileno en la batalla de Tacna (26 de mayo de 1880); pero en el área, al norte del río Sama (Pacocha y Hospicio), donde le toca cuidar la retaguardia, por la amenaza de las fuerzas de la Alianza estacionadas al noreste de Moquegua (Arequipa).


Marconi llega con su batallón a Arica, —en el “teatro de operaciones”—, donde se le hace una recepción al batallón, el día 30 de agosto de 1880, como lo señala en carta a “El Atacama” de Copiapó. Y, luego, el Atacama nº 2 fue recibido en Tacna, por el desmembrado Atacama nº 1, después de la batalla del Alto de la Alianza, donde mueren algunos de los más distinguidos oficiales. El batallón nº 1 y nº 2 se convierten en el legendario Regimiento Atacama con 1.100 hombres. Allí acordaron ser un regimiento, y viraron a dos leguas, a la localidad de Pocollai. Las dos unidades se convierten en una sola, con cuatro Compañías cada Batallón.


Elías Marconi pasa a ser capitán ayudante del Regimiento y mano derecha de su comandante, el teniente coronel Diego Dublé Almeyda, nieto del conquistador del desierto, Diego “Loco” Almeyda. Convence al comandante que cada batallón conserve su estandarte y que el adolescente, Carlos Escuti Orrego, sea el abanderado del 2º Atacama. Este subteniente, que es hermano de los poetas Alfredo, Santiago y Ramón Escuti Orrego, luego se llenaría de gloria.


Iba vestido como él mismo lo señala, en una carta fechada el 11 de septiembre de 1880: “Uniformado como da gusto verlo formado o haciendo evoluciones. El uniforme compone de pantalón azul, un poco bombacho, casaca azul oscura con bocamanga lacre (rojo), como las que usan últimamente Matta y Puelma. Bota con baya con pantalón dentro”. El uniforme era igual para soldados y oficiales, sólo que el kepis de los oficiales era negro con una flor de lis en el techo del sombrero.  
Empieza a escribir el diario de campaña, que su hermano Hilarión publica cotidianamente en “El Atacama”; y que, luego, edita en una obra de tres tomos en dos volúmenes llamada: “El contingente de la provincia de Atacama en la Guerra del Pacífico”.
        
Al trasladarse el Ejército chileno en barco hacia el corazón del Perú, le toca al Regimiento Atacama ser parte de una avanzada de un escalón de brigada que encabeza el ya coronel, Juan Martínez. Esta marcha que realiza el Atacama, el Colchagua y una batería de los Navales es una nueva maratónica marcha para Marconi, desde Pisco hasta Lurín. La marcha fue agobiada por la fiebre, la malaria y el Ejército Peruano. Avanzan pueblo a pueblo, dejando muchos atacameños sepultados en el camino. Finalmente llegan a Lurín, el 26 de diciembre de 1880. Esta marcha tremenda y casi desconocida en la bibliografía militar, también puede verificarse en la libreta que tenía el soldado, Miguel Segundo Mena Araya.


El diario de Elías Marconi de este periplo resulta fundamental para descifrar no sólo la pertenencia de Miguel Segundo Mena Araya al Regimiento de Atacama, sino para aclarar el tipo de armamento, color del uniforme incluido cinturón, traje de brin, caramañolas, calzado y ropa interior. También, el diario señala con precisión los pueblos por donde pasó esta gran marcha y cuáles eran sus nombres (Además, aclara perfectamente que otras unidades y cantidades de soldados iban en ese escalón de la brigada. Es memorable cuando pasan por la Hacienda Montalbán (Cañete, Perú) que fuera de Bernardo O’Higgins, y donde le rinden un sentido homenaje.


Es esperable, para precisar muchos detalles de la participación del Regimiento Atacama en la Guerra del Pacífico, la publicación de este memorable “Diario de Campaña” de Elías Marconi Dolarea.
        
Luego, pasa por el puente de fierro de Lurín (12 de enero de 1881) camino a la batalla de Chorrillos (13 de enero de 1881), donde se convierte en el héroe de la jornada; ya que, es el enlace entre las tropas y el comandante Almeyda. Sobre su caballo, entra y sale en medio de las balas del frente de combate; entre los arenales y pendientes soportando el cañoneo peruano. Es una madrugada nubosa debajo de los cordones del Zig-Zag, cercano a Chorrillos y a Santa Teresa, y también a algunos kilómetros del Callao y de Lima.


Recordemos que en el inicio de esta batalla, el Regimiento Atacama pierde una parte importante de sus tropas. En esa refriega es cuando el portaestandarte del segundo Atacama, Carlos Escuti Orrego, conquista la primera cima para el Ejército Chileno . Luego, “el magnífico Atacama II” sobrepasa el Zig-Zag camino a las fortificaciones del  Cerro del Solar. Al mediodía, en las cumbres de Chorrillos tienen la batalla ganada. Marconi sobrevive milagrosamente, y le toca enterrar a muchísimos de sus mejores amigos, incluido algunos que ya habían luchado con él en las batallas de la Revolución Constituyente.


Pero, dos días después, en la batalla de Miraflores (15 de enero de 1881), mientras las tropas del Atacama descansaban en el lugar llamado Barranco, son sorprendidas por el Ejército Peruano. Allí mueren, el coronel Juan Martínez y el segundo comandante del Regimiento. Rafael Zorraindo. El Regimiento Atacama en la Campaña de Lima, pierde más del 50 por ciento de sus soldados, convirtiéndose así la Región de Atacama, en la que sufre durante toda la guerra las mayores bajas. El capitán Marconi cae mortalmente herido por una bala en el estómago. Moribundo le pide a Diego Dublé Almeyda, que le entregue o le devuelva el corvo que le había regalado el Intendente Matta. En esa época una bala en un brazo podía ser suficiente para causar la muerte, por lo que era entendible presumir que Marconi moriría ahí. El diálogo de Marconi con Almeyda, se volvería legendario:


         “Durante lo más recio del fuego, ante las trincheras enemigas, cayó herido de muerte el Capitán Marconi, del Atacama, ayudante del cuerpo y comprendiendo la gravedad de su situación y los pocos instantes de vida que le quedaban, llamó a su comandante, a cuyo lado había caído y arrancándose un riquísimo puñal de la caña de la bota, le dijo:
         “Este cuchillo me lo dio el Intendente de Atacama. Le ruego se lo entregue y le diga que he muerto por la patria”.
         Este hecho me lo refirió el señor Dublé, bastante conmovido, al día siguiente del combate, permitiéndome ver, examinar y palpar el hermoso puñal, que era verdaderamente una prenda de valor y trabajada con mucho esmero.
         Me causó una extraña impresión el tener en mis manos aquella reliquia de un valiente.
         ¡Quién hubiera podido conservarla!


Este diálogo, induce a muchos historiadores a consignar a Marconi como muerto en la batalla. Sobrevive milagrosamente. Cuando las tropas volvieron de la Campaña, en la Estación de Copiapó, se reencuentra Marconi con Dublé Almeyda. Este se sorprende mucho al ver a Marconi, y le dice: “Pero usted, está muerto, capitán”.


VI


Después de la guerra, se radica en Vicuña, y sigue su labor de minero y periodista. Con otros veteranos de la guerra, que también se refugian en Vicuña seguramente por el clima terapéutico y mágico de esta ciudad, fundan diarios, revistas, y acciones políticas, intelectuales y culturales.
          
Participa activamente en el ideario radical; escribe profusamente con varios seudónimos; y, entre ellos, el de “Savonarola”. Es activo periodista y articulista de “El Elquino”, que después se llamaría “La voz del Elqui”. Este diario tendría el soporte visionario para que la hija de otro atacameño llamado, Jerónimo Godoy escribiera sus primeros artículos y que la llevarían más tarde a convertirse en Premio Nobel: Lucila Godoy Alcayaga.


En esa época de mucho fervor intelectual en Vicuña, trabaja codo a codo con Carlos Luis Ansieta, el famoso abanderado del Regimiento Coquimbo, con el capitán y ex-profesor del Liceo de Hombres de La Serena, Francisco A. Machuca y con el destacado poeta, también constituyente, Policarpo Munizaga. Entre otras responsabilidades públicas le corresponde ser regidor de la comuna de Vicuña. Traduce del francés, entre otras obras, la llamada “Satanás” de Guy de Maupassant. Recibe una pensión de veterano de la guerra.


Vive en la calle Maipú (Gabriela Mistral). Cerca de las tres de la tarde del 25 de junio de 1918, deja de existir. No lo pudo matar una bala ni lo pudieron llevar al altar. Doña Isidora Munizaga, certifica su muerte de gangrena senil. La banda de música de la Municipalidad y la multitud lo despiden. Sus restos son sepultados en nicho de los artesanos de Vicuña, y al cumplirse 100 años de la Guerra del Pacífico, sus restos son trasladados a la Cripta de los Héroes en la Alameda de Copiapó, donde descansan también muchísimos de sus ex-compañeros de combate.


VII


Este héroe magnífico de Copiapó y de Vicuña, que fue periodista, minero, soldado y fundamentalmente revolucionario, es el vivísimo ejemplo de las características de los hijos predilectos de Atacama y Coquimbo, que han sido sine qua non para que el mundo vea en este desierto la más maravillosa flora humana de América.

 

La Guerra del Pacifico ”Gloriosos Batallones de Atacama” Héroes por Siempre. www.batallonesdeatacama.org Por Felipe Varas Erazo.