Cartas de la Guerra del Pacifico.

 

Carta del presidente de Chile, a su embajador ante el gobierno de La Paz de Aníbal Pinto.

Pedirá usted una respuesta terminante y categórica de este punto, dentro de un término breve y perentorio. Si la respuesta del gobierno Boliviano fuese favorable, como es de esperarlo, usted continuará en su puesto para reabrir la discusión o iniciar gestiones conducentes a la constitución del arbitraje, para lo cual se enviarán a usted las instrucciones del caso. Si por el contrario, el gobierno de Bolivia persistiese en llevar a efecto la ley del 14 de febrero último, usted pedirá sus pasaportes, declarando que la conducta de ese Gobierno hace del todo inútil e infructuosa la presencia de nuestra legación en esa República y que mi gobierno hace pesar exclusivamente sobre el gobierno de La Paz las consecuencias de esta medida, que hemos procurado evitar por todos los medios posibles.
El gobierno de Chile considera también conveniente que usted exprese, antes de retirarse, al de Bolivia, que su negativa reiterada a suspender la ejecución de la ley del 14 de febrero de 1878, importaría la anulación del tratado de 1874, y que, en consecuencia roto este pacto con Bolivia, renacería para Chile todos los derechos que legítimamente hacía valer antes del tratado de 1866. Por la misma razón, Chile llegada esta desagradable emergencia, que él no ha provocado y que no ha podido evitar, ejercerá todos aquellos actos que estime necesarios para la defensa de sus derechos."
Aníbal Pinto Presidente de la República de Chile

 

 

Carta del coronel José J. Inclán al coronel Francisco Bolognesi Cervantes sobre el coronel Carlos Agustín Beláunde.

El coronel EP Carlos Agustín Belaúnde, jefe del batallón “Cazadores de Piérola”, luego de la junta de guerra que acordó la batalla en Arica, comenzó a tratar de convencer a los oficiales de su batallón y del resto de batallones de la plaza de Arica, "que mejor era capitular para evitar ir al matadero”. Fue acusado de conspirar y el coronel EP Francisco Bolognesi Cervantes, jefe de la plaza de Arica, ordenó ponerlo bajo arresto en el monitor “Manco Cápac” al mando del capitán de fragata AP José Sánchez Lagomarsino, a fin de seguirle juicio. Como el capitán del puerto de Arica exigía orden escrita de Bolognesi, para embarcarlo en el monitor, el coronel EP José J. Inclán, jefe inmediato del subordinado, lo puso bajo arresto en la modalidad de “palabra de honor”, en el batallón “Iquique”, al cual nunca se presentó. A continuación, reproduzco el informe que el coronel EP José J. Inclán remite al coronel EP Francisco Bolognesi Cervantes, sobre esta ocurrencia:
“Al señor coronel Jefe de la Plaza.
Arica, 1º de junio de 1880


Señor coronel:
Poco después que me separé de V.S. en compañía del coronel Belaúnde, a quien no pude mandar oportunamente a cumplir arresto decretado al monitor Manco Cápac, por habérsele encontrado tarde y por necesitarse orden para el comandante de dicho monitor, como lo hice presente a V.S. me dirigí a mi alojamiento mandando a dicho jefe, bajo su palabra de honor, al batallón Iquique, en virtud de la orden recibida en el tránsito, reservándome prevenir después que se le retuviera en calidad de preso.
Entretanto, por vía de precaución, mandé al mayor Pozo fuese a las baterías del Norte, a prevenir al 3er. Jefe del Batallón Piérola que no obedeciese ninguna orden que pudiera haberle dado el coronel Belaúnde.
En la mañana de hoy mandé a dicho mayor al batallón Iquique a prevenir al jefe de él que pusiera preso al coronel Belaúnde y me ha contestado que no se había presentado arrestado, cometiendo esta nueva falta de insubordinación, sobre la que motivó la orden de su prisión.
Por las investigaciones que he hecho practicar, resulta que había tenido una bestia lista y que se ha fugado, llevándose un soldado de guía, infamando con el delito de deserción la alta clase con que fue investido.
Como la falta de movilidad en el valle de Lluta, al que es seguro que se ha dirigido, puede retardar su fuga, sería conveniente que V.S. ordenase a las autoridades de ese valle que capturen al prófugo.
Sensible es, señor coronel, que en estos momentos tan solemnes para la patria, cuando todos sus hijos deben dar ejemplos de abnegación y sacrificio, haya hijos que la denigren por actos de pusilanimidad e insubordinación como los del individuo de que me ocupo.
Dios guarde a V.S.
José J. Inclán"

 

Carta que Miguel Grau envió a Carmela Carvajal viuda de Prat.

Monitor Huáscar - Pisagua, junio de 1879"
Dignísima señora:
Un sagrado deber me autoriza a dirigirme a Ud., y siento profundamente que esta carta, por las luchas que va a rememorar contribuya a aumentar el dolor que hoy justamente dominarla. En el combate naval del 21 próximo pasado que tuvo lugar en las aguas de Iquique, entre naves peruanas y chilenas su digno y valeroso esposo, capitán de fragata don Arturo Prat, comandante de la Esmeralda, fue como usted no lo ignorará, víctima de su temerario arrojo en defensa y gloria de la bandera de su patria. Deplorando sencillamente tan infausto acontecimiento y acompañándola en su duelo, cumplo con el penoso y triste deber de enviarle las que para usted inestimables prendas que se encontraron en su poder, y que son las que figuran en la lista adjunta. Ellas servirán indudablemente de algún pequeño consuelo en medio de su desgracia, y por eso me he anticipado a remíteselas.
Reiterándole mis sentimientos de condolencia, logro señora, la oportunidad de ofrecerle mis servicios, consideraciones y respetos con que me suscribo de usted, señora, muy afectísimo seguro servidor.
Miguel Grau"

Respuesta de Carmela Carvajal.

"Recibí su fina y estimada carta... en ella, con la hidalguía del caballero antiguo, se digna usted a acompañarme en mi dolor, deplorando sinceramente la muerte de mi esposo; y tiene la generosidad de enviarme las queridas prendas que se encontraron sobre la persona de mi Arturo; prendas para mí de un valor inestimable... consagradas por su martirio, como la espada que lleva su adorado nombre. Al proferir la palabra martirio no crea usted señor, que sea mi intento de inculpar al jefe del Huáscar la muerte de mi esposo. Por el contrario, tengo la conciencia de que (usted)... tiene el raro valor de desprenderse de un valioso trofeo poniendo en mis manos una espada que ha cobrado un precio extraordinario por el hecho mismo de no haber sido jamás rendida; un jefe sementé (como usted, Grau), un corazón tan noble, se habría, estoy cierta, interpuesto, a haberlo podido, entre el matador y su víctima, y habría ahorrado un sacrificio tan estéril para su patria como desastroso para mi corazón... Carmela Carvajal de Prat".

 

Sepultación de los Héroes.

 

Comentan las crónicas de la época que después que el Comandante Grau envió a tierra a los muertos en acción y a los que se habían salvado del Combate en calidad de prisioneros, fueron al atardecer de ese 21 de Mayo puestos sobre tablas los cuerpos de Prat y de Serrano, en el lugar donde está la Aduana, donde quedaron abandonados a la avidez pública.
Hasta las 9 de la noche permanecieron arrojados en el suelo, sin que siquiera una bandera o cualquier trapo viejo los cubriera, expuestos a las miradas llenas de odio de la repugnante plebe de negros, indios, zambos, mestizos y mulatos. Que se componían en ese entonces la población de Iquique.


A la hora señalada recién el Prefecto mandó recoger los cadáveres, que fueron puestos arriba de un carro de carga del ferrocarril, donde pasaron la noche, hasta que a las 10 de la mañana del día 22 de Mayo, fueron conducidos al hospital por don Eduardo Llanos, que tomó para sí el alto honor de sepultar a quienes permanecían arrojados e ignorados, sin recibir los honores que se merecían por el valor demostrado y sobre  el que no redundaremos, por cuanto es tanto lo que se puede decir, de su honor, patriotismo y todos los adjetivos que estos héroes se merecían y merecen, que continuaremos la relación.
Junto a otro compatriota español, el señor Benigno Posadas, Presidente de la Beneficencia, convinieron en solicitar permiso para sepultar los venerables cadáveres.


Textualmente se lee en crónicas que describen los acontecimientos:
“Era el 22 de Mayo de 1879 y alrededor de las 5 de la tarde, una inmensa multitud que hacía procesión, precedida de una banda de músicos, tocaban marchas fúnebres, dirigiéndose al camposanto. Oficiales de marina, multitud de vecinos, y un gran número de marineros, componían aquella espléndida comitiva”
Esto era el acompañamiento mortuorio de un teniente de la fragata “Independencia” a quien se le tributaba honores de  ordenanza.


Media hora después salían del hospital los féretros de Prat y Serrano. Un carretón, perteneciente a un ciudadano argentino, se acercó para recibirlos y al instante se puso en marcha el cortejo, por distinto camino del que había seguido el acompañamiento del teniente peruano.
Don Eduardo Llanos, don Benigno Posadas, ciudadanos españoles, más otro compatriota de ellos, don Juan Fair ex cónsul inglés, don Edmundo Wallis, gilbraltereño casado con chilena, y el señor Layout, caballero francés, formaban el séquito fúnebre.
El carretón entró en el cementerio por la puerta trasera y siguió hasta el sitio donde habían sido abiertas dos fosas, permaneciendo los acompañantes a unos veinte metros de distancia, a pie de una gran cruz que entonces ocupaba el centro.
Al llegar a las fosas abiertas, el carretonero preguntó: ¿quién me ayuda a bajar los cajones? Contestó don Edmundo Wallis, único acompañante que había llegado hasta la sepultura: - Yo, qué para eso he venido – y entre ambos bajaron los ataúdes del carro y lo colocaron al lado de una de las fosas.
En ese momento se acercó el señor Posadas y tras él, un pequeño cholo, que hizo esta pregunta: ¿Cuál es el cajón del Comandante Prat? Este contestó el señor Posadas, señalándoselo y el muchacho se retiró al momento yendo a reunirse con un grupo numeroso que se divisaba a distancia, compuesto de marinos de la “Independencia” y de cholos del acompañamiento del teniente del mismo barco peruano. El muchacho conferenció con los del grupo y a los pocos instantes se acercaron todos a los ataúdes, prorrumpiendo en gritos insultantes, como ser: “esos pícaros no merecían un buen entierro”, dijo no, “Esos bandidos tienen mejores cajones que el de mi teniente”, agregó otro. Así, cada uno de esos zambos y mulatos escarnecía las venerables reliquias de aquellos ínclitos varones.


Entre tanto el señor Wallis y el carretonero bajaban a la fosa el ataúd de Serrano, cubriéndolo de tierra el señor Wallis con sus propias manos, por no haber  allí pala ni azada.
A distancia de ocho a diez metros estaba la otra fosa y a ella llevaron el ataúd de Prat, arrojándole también tierra el generoso gibraltareño, con ojos arrasados en noble llanto y en medio de la rechifla de los peruanos que no cesaban de insultarlos.
Ya en esos momentos los acompañantes se habían retirado del cementerio, tal vez temerosos de una agresión de parte de la muchedumbre, lo que visto por los dos improvisados sepultureros, que también estaban temerosos de ser agredidos por aquella turbamulta y con mayor razón al verse abandonados de sus compañeros, se retiraron sin terminar de cubrir las fosas.
A los pocos días, cuando ya todo estaba tranquilo, el señor Llanos,  cuyas órdenes no habían sido puntualmente ejecutadas, hizo cabar otra fosa cerca de la de Serrano y trasladó allá el ataúd de Prat, para que ambos héroes estuvieran juntos, mandando colocar sobre ellas dos grandes cruces con un lacónico epitafio.


Tales fueron los funerales de estos héroes cuya hazaña llenó la historia épica de Chile y que causaron asombro al mundo entero.
Don Adolfo Gariazzo, que tuvo la oportunidad de presenciar el desembarco de los cadáveres de Prat y Serrano, narra:   
“Atracaron varias embarcaciones al muelle de la Aduana de Iquique; en ellas, no se en cuál, pero que sí fue en una del “Huascar”, vinieron los  cadáveres de Praty Serrano y el moribundo Aldea. Los pusieron en un carrito que tiene dicho muelle y empujándolos los dejaron en el mismo carro frente a la puerta de la Aduana”
Un amigo de uno de los soldados de policía que pusieron de guardia, descubrió la cabeza de Prat, que estaba tapada con un pañuelo blanco y vi entonces que le faltaba toda la parte de la cara desde las cejas a la boca y de la cabeza hasta la nuca”
Prat tenía la barba algo rubia y vestía un traje azul marino, Serrano era más grueso y aún me parece que más chico”

 

La Sepultación de los Héroes de Iquique.
  
(Fragmento de la carta de don Eduardo Llanos al Comandante don Luis Uribe Orrego, en la que da cuenta de los funerales de Arturo Prat Chacón y de Ignacio Serrano en Iquique)


Señor.
Don Luís Uribe Orrego                                 
(En el cuartel de la compañía Salvadora)
Muy señor mío:


Para satisfacer a Ud. y demás compañeros, haré a Uds., una relación lo más sumaria posible sobre la manera en que fueron sepultados en el cementerio de este puerto los cadáveres del Comandante Don Arturo Prat y Teniente Segundo Don Ignacio Serrano, ambos de la Corbeta de guerra chilena “Esmeralda”
El día 21 en la noche encontré frente al Teatro a los señores Juan Berna y Castro, Alcalde municipal y Benito Neto, corresponsal de la “Patria” de Lima. Me dijo el primero de éstos que el señor Prefecto le había encargado diese sepultura a los cadáveres de la “Esmeralda” que acababa de desembarcar el “Huascar”, llegado poco antes del S (sur).
Ofrecí al señor Bernal correr con las diligencias del enterramiento, y al efecto fui el 22 temprano, al hospital para saber cuantos eran los cadáveres y sus categorías.
El ecónomo de aquel establecimiento, don José Manuel Eyzaguirre me informó que no había recibido ninguna instrucción sobre el modo de dar sepultura a los tres cadáveres de la “Esmeralda”. Diciéndole yo entonces que me iba a ocupar de eso, le pedí que nada hiciese mientras no recibiese aviso mio, pues iba a hablar con el señor inspector del hospital, don Carlos Richardson. En efecto, ví a este señor y le encontré perfectamente dispuesto para acceder a mi solicitud, dándome una orden para que el señor Eyzaguirre pusiera a mi disposición los cadáveres mencionados.
Acompañando esta orden escribí una carta al señor ecónomo diciéndole que remitiese desde luego al cementerio el cadáver del marinero, y que respecto a los dos oficiales iba yo a correr las papeletas de costumbre para los que van en sepultura pagada, mandando hacer al mismo tiempo los cajones respectivos.
Facilitados por Uds. Los informes e impuestos del deseo de Uds. De conservar la ropa exterior de sus compañeros Prat y Serrano, nos dirigimos al hospital el señor Velarde, el señor Posada y yo. De vuelta de aquel establecimiento, fui con el señor Posada a dar cuenta al señor Prefecto de los pasos que habíamos dado y aprobó nuestro proceder.
Después hice correr las papeletas de defunción que llevan los Nª 504 y 505 del folio 505 del Registro civil, tomando nota  el señor inspector  del cementerio y el señor cura párroco.
A las 4.30 de la tarde volví con el señor Posada al hospital y a las 5;30 llegaron los encargados de hacer los cajones, y con ello el auxilio de tres mozos que me facilitó el señor Eyzaguirre se pusieron dentro los cadáveres, envueltos en una sábana cada uno. De allí me dirigí, siempre con el mismo señor Posada, al cementerio, en cuyo punto encontramos al señor Juan Navin, quien invitado en la tarde por mí para esta ceremonia, se presentó gustoso, a pesar de su delicada salud.
Así, cumplimos nuestro cometido, regresando al pueblo ya de noche.
Me es grato ofrecerme a Uds. A.S.S.
Eduardo Llanos

 

Carta de Sotomayor a Eduardo Llanos

La histórica carta de Sotomayor al español Eduardo Llanos
(En la bomba España se conserva  una copia de la carta que el Ministro de la Guerra en Campaña, don Rafael Sotomayor, dirigió a don Eduardo Llanos, caballero español, que al amparo de la noche dio cristiana sepultura a los restos de Prat  y Serrano. El lugar  en que quedaron enterrados los cuerpos de los héroes fue marcado  con una humilde cruz.
El texto de la carta, que expresa la gratitud de un hombre que en ese momento escribía en nombre de la patria dice:


Señor
.

Don Eduardo Llanos
Tiene conocimiento el infrascrito por numerosas relaciones privadas y fidedignas, de que los restos mortales de las principales  victimas del memorable combate del 21 de Mayo de 1879, recibieron sepultura honrada en el cementerio de esta ciudad, merced de los esfuerzos de UD. que los puso al amparo de la Sociedad Española de Beneficencia.
Honrando la memoria de nuestros héroes y conservando sus preciosos restos para devolverlos al cariño y veneración de sus conciudadanos, Ud. señor hizo una obra nobilísima de caridad y empeñó profundamente la gratitud de todos los chilenos.
Tenemos justo motivo para enorgullecernos de la incomparable hazaña de Arturo Prat y sus heroicos subalternos, y día llegará en que les pagaremos con glorias la deuda de nuestra gratitud. Pero nunca olvidaremos que si ello va a sernos fácil, que si los restos de Prat y Serrano no cayeron en la fosa común, se debe principalmente a Ud., que lo recogió y les dio una sepultura.
En el día de la glorificación de nuestros bravos marinos, los chilenos todos tendrán presente el nombre de Ud. perpetuamente asociados al de aquellos. Entre tanto, cábeme el honor de significar a Ud., en nombre del Gobierno y pueblo de Chile, que le somos deudor de un servicio eminente, que no consideramos suficientemente pagado con nuestra más viva gratitud.
Con este motivo, tengo el gusto de ofrecer a Ud. el testimonio de especial consideración con que me suscribo de Ud.
Atento y Seguro Servidor.
Rafael Sotomayor
Ministro de Guerra en Campaña

 

 

 

La Guerra del Pacifico ”Gloriosos Batallones de Atacama” Héroes por Siempre. www.batallonesdeatacama.org Por Felipe Varas Erazo.