Combate de Sangra (26 de Junio de 1881).

 

El Combate de Sangra o Sángrar, también indicado como Combate de Cuevas, ocurrió el 26 de junio de 1881, y se desarrolla en el escenario de la expedición llevada a cabo por el teniente coronel Ambrosio Letelier a Cerro de Pasco, al interior de la sierra peruana.


Efectivamente, el coronel Pedro Lagos, por entonces comandando las fuerzas chilenas de ocupación y responsable de la administración de los territorios ocupados, resuelve enviar una expedición que controlara la zona de Junín e impidiera la constante incursión de grupos irregulares sobre los centros mineros –como Cerro de Pasco- y las ricas extensiones agrícolas que rodeaban Lima, permanentemente sitiadas por esas “montoneras” peruanas.


Uno de los sitios en que el teniente coronel Letelier estableció una guarnición fue en la localidad de Cuevas, localizada en Canta, Perú, y más específicamente en la hacienda de Sangra o Sángrar, bajo el mando del capitán José Luis Araneda. El comandante Letelier, decidiendo descender a la costa por la vía de Canta, dispone que una compañía de 82 hombres, incluidos tres oficiales –subtenientes Ismael Guzmán, Eulogio Saavedra y José Dolores Ríos-, todos pertenecientes al Batallón Buín 1º de Línea, y sitos en Casapalca, se desplazasen hacia el paso de Las Cuevas para tomar posesión de éste y mantenerlo abierto para el paso de la expedición. Llegado al lugar el 20 de junio, el capitán Araneda dispone que 15 hombres de su tropa queden en Las Cuevas al mando de un sargento, dirigiéndose luego, con las fuerzas restantes, hacia la hacienda de Sángrar o Sangra, ubicada a unos 500 a 600 metros, y cuyo propietario era Norberto Vento, padre del conocido comandante guerrillero Manuel Encarnación Vento, segundo jefe del batallón Canta Nº 63 que combatiera en la defensa de Lima, y reconstituido en la zona para mantener la resistencia contra la ocupación chilena.


Los Vento, que reorganizaran esa unidad gracias la colaboración del llamado Comité Patriótico de la Resistencia constituido en Lima, que les habían dotado de hombres, armas y municiones, lograron poner en condiciones de combate a unos 300 soldados que se sumaban así a los cerca de 500 montoneros o guerrilleros pertenecientes a esta columna canteña. Los hijos de Norberto Vento –Lorenzo, Manuel Encarnación, Manuel Espíritu. Teodosio y Wenceslao- agregaron a oficiales que prontamente estuvieron en condiciones de combatir.


Enterados de la ocupación de la hacienda paterna, deciden el 24 de junio avanzar sobre esa propiedad –que consideraban un deshonor no atacar- cercar el paso de Las Cuevas y arremeter contra las tropas chilenas acantonadas en Sangra. El 26 a las 13.00 horas comienza la acción de los irregulares peruanos, determinado el capitán Araneda atrincherarse en la misma casa de la hacienda, en la capilla de la misma y en un cementerio aledaño. La disposición de las fuerzas chilenas ocurrió oportunamente en pocos momentos desde que fuera avistada la tropa enemiga por un vigía situado en las alturas, pues al mismo instante los disparos comenzaron a sentirse desde diferentes puntos que rodeaban el lugar.


Para las 14.00 horas, todas las alturas que circundan la hacienda de Sangra se encontraban ocupadas por los guerrilleros de los hermanos Vento, que empleando “galgas” (peñascos lanzados a rodar por las pendientes de los cerros) y descargas cerradas de fusilería atacaban a las fuerzas de Araneda. Descendiendo en tres columnas, los peruanos comienzan a sentir la certera puntería de los buínes que lanzan sus andanadas contra la masa de atacantes que bajaban a la hacienda. Al atardecer, y sufriendo severas bajas, los peruanos habían logrado desalojar el cementerio, quedando la resistencia chilena sometida a la casa y a la pequeña capilla. Durante las horas en que anochecía, el teniente peruano Falcón con una partida de hombres lanza champas de pasto ardiendo sobre el techo de la iglesia de la hacienda, incendiándola y obligando a 8 soldados parapetados allí, al mando del subteniente Guzmán, a salir a bayoneta para abrirse paso hasta Casapalca, pues la entrada a la casa de la hacienda era imposible.


Todos los intentos de quemar la casa se tornan infructuosos por la decidida actividad guerrera de los soldados chilenos, quienes se redoblan en acción para repeler a los atacantes. La techumbre, de calamina, ayudó a impedir esa tarea destructiva al tiempo que permitió identificar los ruidos provenientes del techo, por lo cual los disparos hechos hacia arriba generaron múltiples bajas entre los montoneros. Al querer quemar las vigas, puertas y ventanas, la defensa encarnizada batió de muerte a muchos agresores, entre los cuales a destacados integrantes de la columna canteña, como Doroteo Molina y José Vásquez. Los soldados chilenos mostraban una calidad de combatientes que superaba la capacidad de los peruanos atacantes.
Por su parte, Manuel Encarnación Vento, rechazado en su insistente petición de rendición y molesto por la dilatación del enfrentamiento, ordena al capitán Icochea que hierva manteca para verterla por los resquicios de las puertas y ventanas, pero tampoco dio resultado. La resistencia continuaba. Poco después, ordenó abrir orificios en los muros de la casa para intentar ingresar en ella, más los cuerpos de los que caían impedía entrar a los otros. Estos intentos fallidos, uno tras otro, chocaron contra la férrea decisión de la tropa chilena, apenas remitida a 7 hombres y el capitán, seguía combatiendo hasta avanzada la hora.


Recién a las 18.30 horas del día 26 las tropas de los Vento son informadas que a lo lejos se aproximaba una fuerza chilena, pese a lo cual decidieron abandonar el lugar definitivamente a las 02.00 horas del día 27, luego de retirar muertos y heridos. Todo ataque planificado para aniquilar a los combatientes del Buín había sido inútil. En las fuerzas del capitán Araneda se habían sufrido 47 bajas, de los cuales 17 muertos, 17 heridos, 3 contusos y 8 desaparecidos. Los ocho desaparecidos correspondían a una patrulla sorprendida el 25 por las fuerzas peruanas. De las bajas peruanas no puede informar, por serle imposible al ser retirados los cuerpos de muertos y heridos del campo.


Por su parte, los Vento sufrieron bajas que, según el informe oficial del subprefecto Emilio Fuentes al comandante Andrés A. Cáceres correspondían a 4 muertos y cinco heridos –el teniente Calderón, Patiño y tres soldados-, afirmando haber tomado dos prisioneros chilenos, 48 rifles y 800 carneros de la hacienda. Para este mismo subprefecto, los combatientes de la columna canteña (“de Norberto Vento”) no pasaban de 100 soldados y 40 “paisanos”. Otras versiones peruanas posteriores –capitán Luis G. Escudero- hablan de 41 muertos y heridos. Para el capitán Araneda se trata de un número “no menor” a 100 caídos, entre los cuales varios oficiales.


El paso de Las Cuevas, que no fue utilizado finalmente por las tropas del coronel Letelier en su retirada a Lima, sin embargo fue mantenido en manos chilenas. La tropa del Buín ingresó finalmente a la capital peruana el 29 de junio, ocho días después de las pertenecientes a la División Letelier.

 

 

 

La Guerra del Pacifico ”Gloriosos Batallones de Atacama” Héroes por Siempre. www.batallonesdeatacama.org Por Felipe Varas Erazo.