El Juramento del Gallo.

 

GRABADO DEL JURAMENTO DEL GALLO

 

En la guerra que enfrentó a Chile contra la alianza peruano-boliviana, entre 1879 y 1884, hubo un batallón de cantoneses esclavizados que prefirieron marchar con los chilenos a permanecer en Perú. Es el episodio más épico de la inmigración china en Chile, poco revisada por la historia y recopilada por un taiwanés que en medio del desierto se enteró de que sus paisanos habían estado allí desde mucho antes.


Entre los veteranos de la Guerra del Pacífico hubo chinos. Sin grandes monumentos, ni un recuerdo colectivo fijado en los textos escolares entre las tropas que ganaron el norte hubo orientales que llegaron a obtener pensiones de gracia por su lealtad al Ejército y que incluso fueron vistos ya ancianos, marchando como veteranos. Pocos se acuerdan de ellos.

Un chileno en Cantón

Pero antes de los chinos de la guerra hubo un chileno en la Guerra del Opio (1839-1942). Al servicio de la armada inglesa un joven Patricio Lynch llegó a las costas de Cantón. Allí debió aprender rudimentos del idioma que volvió a escuchar cuarenta años más tarde cuando en su marcha por el norte de Perú durante la Guerra del Pacífico encontró centenares de chinos esclavizados. Los fue liberando en la medida que avanzaba en su expedición. "Los dos mil hombres que le siguen parecen multiplicarse en los valles y serranías costeras; no sólo no pierde hombres, sino que captura valioso botín e informaciones preciosas entre los agraciados chinos que libera a su paso", explica Elsa Kan Ching en su tesis de historia de 1966, uno de los pocos documentos dedicados a la historia de la inmigración de chinos a Chile. Un proceso que tuvo su momento más llamativamente dramático en la Guerra del Pacífico, cuando los chinos liberados por Lynch en Perú se sumaron al ejército chileno. Eran culíes, trabajadores que vivían en condiciones miserables, mano de obra barata que mediante un resquicio contractual se salvaba de ser calificada como esclavitud. Enganchados en China después de firmar un contrato, eran hacinados en veleros en un viaje de cuatro meses. Los que llegaban vivos lo hacían para trabajar en Perú en condiciones torturantes. Eso encontró Lynch.

En la medida que Lynch los liberaba muchos quisieron marchar con el Ejército. Hubo dudas pero finalmente fueron aceptados. Algunos soldados chilenos incluso dejaron el quepí y se protegieron del sol con los enormes sombreros de los inesperados aliados. Los cronistas registraron como en Lurín y frente a un templo al Kuan Yo, dios de la guerra, un millar de cantoneses juraron ponerse a las órdenes de general en jefe chileno en la voz de Quintín Quintana, un chino de Ica que pese a ser libre y haber logrado prosperidad asumió el liderazgo de sus paisanos recién liberados: "si ordena trabajar, trabajar; si matar, matar; si incendiar, incendiar, si morir, mueren". Así lo hicieron.

El historiador y diplomático taiwanés Diego Lin Chou recopiló esta historia en "Chile y China: Inmigración y relaciones bilaterales" (Centro Barros Arana/Dibam). Allí relata que el general Arturo Villarroel, apodado "el general dinamita", dirigió la "Legión asiática" para desenterrar las minas y los torpedos, por lo que fue llamada "Legión Vulcano". Según informó en la época el diario El Heraldo: "los chinos han recibido de la Intendencia Jeneral del Ejército un traje completo de brin, desde kepí a zapatos...su alegría sólo es comparable con la de los niños cargando dulces". El diplomático taiwanés recopiló esta historia llevado por la curiosidad. En 1992 estaba de viaje por el norte. En un pequeño pueblo un lugareño le dijo a Diego Lin Chou que hacía tiempo que no veía "chinitos", porque en la década de los '40 había muchos. Era un pueblo en medio del desierto y la probabilidad que un paisano hubiera estado allí en medio de la nada y en las antípodas de su país a Lin Chou le pareció improbable, y por lo tanto una posibilidad atractiva para investigar. Decubrió el tráfico de culíes, las penosas condiciones en que llegaban a América -principalmente a Perú y Cuba- y los trabajos desde las plantaciones de azúcar del norte de Perú hasta las guaneras de Iquique.

Así comenzó a reconstruir una historia de inmigración que tiene mucho de fantasma y que tuvo su momento más épico en los episodios de la guerra del pacífico, aunque continuaría con un carácter diferente hasta hoy.

 

La Guerra del Pacifico ”Gloriosos Batallones de Atacama” Héroes por Siempre. www.batallonesdeatacama.org Por Felipe Varas Erazo.