El Soldado del Zig-Zag Miguel Mena.

 

 

 

Rescatando al Soldado Miguel Mena.

ACREDITACIÓN DE LA GLORIA DE ATACAMA

Por Arturo Volantines.

1.-

Después de atravesar el puente sobre el río Lurín, el Regimiento Atacama, el día antes de la batalla de San Juan(Chorrillos), penetró en la niebla nocturna. Esa noche, el Regimiento Atacama, sabía una vez más, que le tocaría ser la vanguardia y atacar el lugar más fuerte del atrincherado ejército peruano de más de 30.000 hombres. Hacía frío. El regimiento iba comandado por Diego Dublé Almeida; nieto de Diego de Almeida, conquistador del desierto. También iba su segundo comandante, Rafael Zorraíndo, que moriría 3 días después en la Batalla de Miraflores, junto a Juan Martínez, comandante de la Brigada. Así mismo, caería de herida mortal, el Capitán-ayudante del regimiento, Elías Marconi, héroe también en Cerro Grande, en las tropas del General, Pedro León Gallo. La camanchaca no se despejaba. Los atacameños, cerca de las 4 de la madrugada, dejaron sus mochilas, y, casi sin dormir, elevaron una oración y se dispusieron a tomarse el Cerro Zigzag. Cuando el Comandante Almeida le dice a Marconi, respecto a unas luces playeras, miles de balas y bombas cayeron sobre los 1.146 atacameños de los 2 batallones, que sabían que morirían allí, como ya lo habían hecho varios ciento en los meses anteriores(Pedro Pablo Figueroa; El Atacama en la Guerra del Pacífico, Imprenta Colón, 1888).


Iban con el camuflaje sobre su uniforme azul: los liceanos de Copiapó, sargentos notables que mantuvieron unidas e informadas a las tropas; los zuavos de Chañarcillo, entrenados por Olegario Arancibia, también soldado éste del General, Pedro León Gallo; los argentinos montoneros y los copiapinos, hijos de argentinos; los jóvenes de las familias más ilustres de Atacama; las cantineras, como Carmen Vilches y Filomena Valenzuela; los tambores, algunos todavía niños, así Juan Rodríguez Carreño, Sabino Allendes y José Emilio Pérez; los de salubridad, como los doctores: Eustorjio Díaz y Zenen Palacios; los mineros de Lomas Bayas, Chimbero, Tres Puntas, Carrizal, Vallenar, Tierra Amarilla, etc. También iba Miguel Mena, que era alto; iba en la Primera Compañía del Segundo Batallón; o sea, iba en la primera línea; era escolta de la bandera, y llevaba una libreta; tal vez, era uno de los soldados más conocido y querido por sus compañeros. En el ejército chileno, el lugar que ocupa un soldado, está dado por su porte, de mayor a menor; y la ubicación de Mena en el batallón, también explica por qué lo mataron desde lejos.


La orden de Baquedano era quebrar al enemigo por el centro y antes del amanecer. Todavía con niebla, ese día, 13 de enero de 1881, el Atacama se lanzó como león sobre los primeros cerros. Marconi se atravesó una bandera y en su caballo arengaba a sus tropas, sin importarle las miles de balas que caen sobre esos arenales. Cerca de las 6 de la madrugada ya flameaba la bandera del 2° batallón en la cumbre del Zigzag, con casi la mitad del regimiento caído en combate. Allí, como había sucedido muchas veces, un disparo de precisión mató a Miguel Mena.
Fueron más de 2.000 los atacameños que asistieron a la guerra. De las formaciones de los 2 Atacama quedaron más del 50% muerto o herido. Todos sus oficiales más importantes fueron heridos y casi todos murieron. Del primer batallón, que se entrenó en Caldera, compuesto de 600 plazas sólo volvieron 54. De la Segunda Compañía, del Capitán, Rafael Torreblanca, volvieron menos que los dedos de las manos.


Cabe preguntarse, por qué fue siempre la vanguardia cuando era un regimiento de civiles y había varios regimientos de línea. Lo fue en Pisagua, Los Ángeles, San Francisco, Tacna, Chorrillos y Miraflores. Además, fue el regimiento que tuvo, lejos, las mayores perdidas. Eso se debe, creo, a que Baquedano usó la estrategia exitosa de quebrar el frente enemigo por el lugar más fuerte, sin contar el costo humano, como lo hizo Milcíades en Maratón o como lo hizo Napoleón en Austerlitz. El regimiento Atacama estaba muy bien entrenado por viejos guerreros atacameños: que habían sostenido ya varias revoluciones; mineros que habían inventado el “Corvo” y la “Chupilca del Diablo”; que estaban influenciados por los caudillos federalistas argentinos; y, obviamente, por el influjo de la revolución francesa, que luce hoy la bandera de Atacama. También, estaba muy bien vertebrado por jefes respetados, veteranos de guerra, jóvenes cultos y mineros fuertes. Se debe agregar: la filosofía que reinaba en Atacama, sobre el deber laico y la importancia de la provincia en la construcción de la nación. Copiapó era una ciudad cosmopolita, cultísima; muchos de sus hijos estuvieron en Europa y dominan otros idiomas. Basta citar, -en la importancia de la guerra-, la cualificación de los cuadros atacameños; por ejemplo: Gonzalo Matta fue el soldado chileno que logró la más alta graduación; empezó de recluta y llegó a Mayor.

2.-

El Panteón de Atacama está compuesto no sólo por atacameños que llevaban su regimiento, sino también por muchos otros enrolados en la Armada y en otros regimientos. Es el caso de Manuel Orella, segundo de la Covadonga, Luis Uribe, segundo de la Esmeralda y que llegaría a ser comandante de la Armada; Nicanor Gómez Torres, teniente, estudiante de medicina, muerto en el Morro Solar; el poeta Ramón Escuti Orrego, que entró a Lima en el Batallón Lontué; Natal Eduardo Vega, Subteniente, sirvió en el Caupolicán, estudio en el Bruno Zabala de Copiapó, y murió con la espada en alto en Chorrillos, etc.
Los primeros 300 atacameños partieron en el 2° de Línea y muchos de ellos murieron en los campos de batallas, especialmente en la Batalla de Tarapacá. Allí fenecieron, entre otros, el calderino, Jorge Cottón Williams, sobrino del Contralmirante, Juan Williams Rebolledo; y, el soldado, José Dolores González y su hermano pequeño, Sabino, ambos quemados por las tropas peruanas(Benjamín Vicuña Mackenna; El Álbum de la Gloria de Chile, Imprenta Cervantes, Santiago, 1883). Es tarea pendiente encontrar la lista de atacameños enrolados en el 2° de Línea.
En la Batalla de Pisagua, cayeron 51 soldado y 4 oficiales. Entre ellos: José Agustín Fraga, descendiente de un ilustre intendente atacameño.


En la Batalla de San Francisco(Dolores) le costó al Atacama 70 soldados, incluido mi pariente José Acuña, que expiró en la Compañía de Torreblanca(Sergio Fernández Larraín; Santa Cruz y Torreblanca, Editorial Mar del Sur, 1979). Allí fenecieron tres de los oficiales juramentados: Capitán, Ramón Rosa Vallejo y los subtenientes, Andrés Wilson y Vicente Blanco.
En la batalla de Los Ángeles murieron los soldados J. Vicente Zelada, Baldomero Marchant y Matías Perafán, que tenía un futuro esplendoroso en Copiapó.


En la Batalla de Los Altos de Tacna -en esos arenales infernales-, cayeron 373 soldados, 6 oficiales, más 4 jefes subalternos y el practicante, entre 600 que entraron a combatir. Entre los que expiraron están los oficiales mas queridos: el Capitán-ayudante, Moisés Arce Montero, telegrafista de Chañarcillo; el Capitán Rafael Torreblanca, los hermanos Martínez, hijos del comandante; el Subteniente, Juan Segundo Valenzuela: calderino que agonizó en los brazos de su hermana, Filomena Valenzuela, etc. En carta a su madre, fechada en Tacna, el 15 de junio de 1880, el Sargento y liceano, José Antonio Tricó Vivanco, dice: “Mi querida mamá: Salud i felicidad les desea a todos quien las quiere mucho i solo desea para ustedes días de ventura i de tranquilidad. En los momentos de la lucha nada piensa el hombre de sus sentimientos, es una fiera rara que tiene solo instintos de matar antes que la muerte lo saque del combate. Poco después oh! después, el más agudo dolor, la más honda pena hiere i destroza nuestro pecho. Ah! Cuán terrible es el día que sigue de la batalla! El campo sembrado de cadáveres i de heridos cuyos clamores conmoverían al corazón más duro, es el triste despertar que sigue a la batalla i luego nuestro pensamiento vuela a Chile i un nuevo pesar nos abruma i desconsuela”. Al recorrer el campo encontré amigos y jefes queridos que en su lecho de sangre dormían el sueño eterno; amigos horriblemente heridos i próximos a exhalar el último suspiro después de sufrir increíbles torturas”. Lo paradojal es que José Tricó Vivanco; luego, en Chorrillos, quedaría horrorosamente herido, y moriría en Iquique, tal como él lo describe en la carta a su madre.


En las batallas de Chorrillos y Miraflores cayeron 600, y casi todos los oficiales. Entre ellos: el Capitán, Juan 2° Álvarez; el subteniente, Luis Villegas, los comandantes: Rafael Zorraíndo y Juan Martínez. También los oficiales: Arturo Ruiz Tagle, Cesáreo Huerta, David Patiño, José María Zelaya; Anacleto Valenzuela, tercer comandante del regimiento; Elías Marconi Dolarea, Capitán-ayudante del regimiento y que sobrevivió milagrosamente. Es legendario el gesto de Marconi, cuando en su lecho, cree que va a morir, y le dice al Comandante Almeida: “Este cuchillo me lo dio el Intendente de Atacama. Le ruego se lo entregué y le diga que muero por la patria”(Ramón Pacheco; Episodios de la Guerra del Pacífico, Iquique, 1884).

3.-

En la acreditación del soldado, Miguel Mena, como participante y muerto en la Batalla de Chorrillos, podemos señalar, entre otros documentos: El tomo n°II, página n°232 de la obra “Contingente de la Provincia de Atacama en la Guerra del Pacífico” de Hilarión Marconi; y, luego vuelve a aparecer en la página n°35 del Tomo n°III, del mismo autor. La pertenencia de Miguel Mena, a la Primera Compañía del Segundo Batallón del Regimiento Atacama; es a partir, -con toda seguridad-, desde la localidad de “Pocollai”(a 2 leguas de Tacna), con fecha 11 de septiembre de 1880; o sea, el soldado pertenece, desde esa fecha a la Primera Compañía del Segundo Batallón hasta su muerte, acaecida en la primera parte de la Batalla de Chorrillos(llamada más específicamente, San Juan). Tal como dice el Capitán Elías Marconi en su Corresponsalía: el Atacama n°1 y el Atacama n°2, -dos unidades distintas-, se convirtieron en un regimiento, en una operación que va desde el 11 de septiembre de 1880 al 17 del mismo mes y del mismo año, quedando conformado por dos Batallones de 4 Compañías cada uno. A partir del 11 de septiembre de 1880, obviamente dejó de existir la Quinta y Sexta Compañía del Atacama n°2. Recuérdese que la Batalla de Chorrillos fue desde las 4 de la madrugada hasta el anochecer del 13 de enero de 1881(San Juan, Cerro del Solar y Poblado de Chorrillos). Y en el texto Las Relaciones Nominales, relación de sueldos y similares, Tomo n°II, de los señores generales, jefes, oficiales e individuos de tropas, ejército expedicionario; Campaña contra el Perú y Bolivia, Ministerio de Guerra, publicado en Santiago de Chile, en la imprenta de La Moneda n°52, año 1883. En el capítulo correspondiente al Regimiento Atacama aparece la lista de los atacameños muertos y heridos en la Batalla de Chorrillos, obviamente allí, en la página n°46, aparece certificada su muerte. Además, en la minuta llamada “Las Relaciones Nominales” del Ejército de Chile, Campaña contra Perú y Bolivia. Esta minuta epocal certifica todo lo antes dicho del soldado Mena, y está con el visto bueno con lapicero de Pluma del Estado Mayor del Ejército.

Eso también explica que fue enterrado con honores en el campo de batalla junto a sus indumentarias más queridas incluida la bayoneta. Y, en La Alameda de Copiapó, en el Monumento a los Héroes del Atacama, -inaugurado en 1885-, donde están anotados en el mármol precisamente la mayoría de los héroes atacameños muertos en los campos de batalla; también está allí inscrito, Miguel Mena, -en ese mármol patrimonial-, junto a los varios centenares de soldados –clases y oficiales- caídos en los campos de batalla. Ha llamado la atención, en círculos peruanos, la manera humana en que el soldado fue enterrado. Es una tradición y ritual minero de Atacama esto de la práctica de sepultaciones de “juramentados”, como fue en el caso del entierro de los atacameños muertos en la Batalla de Dolores, en el Cerro de San Francisco(Memorias del capitán, Rafael Torreblanca Dolarea); o, de los entierros en la Batalla de Los Altos de Tacna(carta a su madre, del Sargento, José Antonio Tricó Vivanco). Y, también, es posible que Juan Mena, que pertenecía al mismo batallón, haya estado presente en la sepultación.

4.-

Son muchos los héroes atacameños, y no me es posible nombrarlos a todos en este artículo; y son muchísimas más las acciones tremendas de valentía y sacrificios. Algunas de las gestas de los atacameños, son las más notables de toda la campaña del ejército chileno; por ejemplo: La acción de Torreblanca en Pisagua; la acción de Arce en Tacna; la acción de Carlos Escuti en Chorrillos, la acción de José Silvestre Galleguillos en San Francisco, que era hijo del héroe del Sitio de La Serena; la acción del soldado Enrique Ramos: él sólo aniquiló una Compañía boliviana, y que después llegaría a oficial, etc. También, los apellidos de los hijos más nobles de Atacama se repiten, entre los voluntarios: Roco, Godoy, Figueroa, Rojas, Sasmai, Reinoso, Labbé, Fritis, Acuña, Matta, Cooper, Cuturrufo, Cotaipi, Bacaré, Vallejo, etc. Pero, por ahora, nombraré algunos héroes significativos, -que es absolutamente necesario que sean homenajeados en Atacama-, como ejemplo; y que, a lo menos, nuestras calles deberían llevar estos nombres heroicos: Carlos Escuti Orrego, Juan Luis Rojas. José Luis Rojas, Roberto Roach, Cruz Daniel Ramírez, Edmundo Enrique Villegas, Antonio Silva, Félix Vilches, Miguel Puelma, Antonio María López, Remigio Barrientos, Antonio Segundo Garrido, Anastasio Abinagoitis, Alejandro Arancibia, Andrés Hurtado, Eugenio Martínez, Juan Antonio Zumarán, Enrique Lavergne, Enrique Ramos, Belisario Martínez, Julio Peña, José del C. Ampuero, Rodolfo Prieto, Carlos Martínez Cavada, Manuel Julio Prado, Clemente Ovalle, José Antonio González, Teodoro Almeida, Rodolfo Prieto, Ascanio Prado, Juan Ramón Silva, Washington Cavada, Zenen Palacios, Juan Fontanes, Polidoro Segundo Valdivieso, Francisco F. Figueroa, Pedro Hernández, Guillermo Toro, Juan José Cobos, Ramón Picón, Manuel Rodríguez, Adolfo Jenequel, Rafael Sutil, Hermenegildo Dolarea, Manuel Antonio Garín, Carlos Gorse, Eduardo Fritis Makenney, Anatolio Mandiola, Lindor Arenas Fraga, en fin.


Como ustedes pueden ver, la lista de héroes atacameños es larguísima y puede ser de varias hojas. En esta guerra, se demostró, una vez más, algo: No es un mito el “ser atacameño”, sino la sagrada realidad de nuestra historia. Atacama funcionó como un sólo cuerpo, desde su Intendente, Guillermo Matta hasta los más sencillos ciudadanos, que donaron sus propias pertenencias para solventar la guerra. No fue obra de los ingleses, ni fue un asunto puramente nacional. Se volvió de esta guerra con cientos de muertos, pero invictos. No hay duda que Atacama les debe a estos héroes más que un simple recuerdo; a lo menos, el nombre de una calle. Pido que sean nombrados. Desde su Comandante hasta el último soldado merecen estar presentes. Resulta conmovedor la muerte de casi todos los sargentos del Atacama, en las batallas de Chorrillos y Miraflores, como lo dice Benjamín Vicuña Mackenna, en su libro antes citado, páginas 581 y 582: “En la primera de aquellas batallas quedaron en el campo don Honorato Órdenes, Juan 2° Cooper, Rodolfo Prieto, José Tricó Vivanco, Juan N. Peña, Roberto Venegas, Aurelio Vallejo, Bernardo Castro, Félix M. Olavarrieta, todos sargentos del Atacama, que tuvo en aquel terrible encuentro 346 bajas, siendo que una sola Compañía(la Tercera del 2° batallón)perdió sesentas plazas entre ochenta. La cosecha de muerte fue un tanto más escasa en Miraflores, pero sucumbieron allí los sargentos Clemente Ovalle, José Antonio González, y Teodoro Almeida y resultando herido el sargento Eustaquio Saavedra y José Guiñazu. Catorce en todos, como los “Catorce de “Purén”, que, según Ercilla, fueron dos más que los Doce de la Fama”.


Fue muy fundamental esta guerra, para madurar el carácter atacameño, que tiene una clara distinción en el Estado de Chile. Un ejemplo de esto, es una carta que recibió el Capitán del Atacama, Antonio María López -de origen argentino y que conservó el sable ensangrentado de Moisés Arce, al morir éste a su lado-; carta, desde el Hospital de Sangre de La Serena, enviada por un soldado, fechada el 6 de diciembre de 1879: “Señor: A. M. López; Mui señor mío: Me encuentro en La Serena después de haber recibido una bala en una mano, otra que me entró por la boca y me salió por un ojo; pero ya estoi mui alentado. Otra bala me partió la boca pero también ya voi sanando; otras dos me tocaron en el costado. Yo deseo, señor, me conteste para saber si Ud. está bueno, contésteme al hospital de sangre de La Serena. Aquí me cuidan mucho, estamos mui bien atendidos; yo creo que si sano me volveré a ir donde está Ud. Juan Portilla, Soldado 4° Compañía, Batallón Atacama n° 1”.
Así fueron estos atacameños. De está legión era Miguel Mena. Y, ¿nosotros?

 

Otros antecedentes del soldado, Miguel Mena.

LA FOTO DEL REGIMIENTO ATACAMA EN EL PUENTE DEL RÍO LURÍN.

 

Por Arturo Volantines

Como ya hemos aclarado bibliográficamente la pertenecía del uniforme con el cual fue encontrado el soldado del Cerro Zigzag y también los galones distintivos pertenecientes al Regimiento Atacama, podemos arribar a los otros objetos encontrados en la fosa.

Al principio de la guerra, en la Campaña de Tarapacá,el Batallón Atacama empezó a usar el fusil Grass(Sergio Fernández Larraín;Santa Cruz y Torreblanca, Editorial Mar del Sur, 1979). En la Campaña de Tacna uso también fusiles Grass. Y a partir del 26 de febrero de 1880(Ref. aportada por Marcelo Villalba), en el campamento dePacocha, empezó a usar el Comblain. A este fusil, corresponden las 29 balas, calibre 45 y la “bayoneta-sable” o yatagán, encontradas junto al soldado. También se puede ver este yatagán, en la notable foto del Regimiento Atacama sobre el puente del río Lurín, un día antes de la Batalla de San Juan. En el primer plano; el oficial con barba y con su traje de brin, y que posa más a la derecha; se le puede ver, entre sus piernas, la “bayoneta-sable” que usa el fusil Comblain. En esa misma foto; en el fondo, también puede verse el uniforme azul de tela que usaba la tropa del Atacama; y, sobre ese mismo traje, se pueden visualizar las cananas o baleras, exactamente como las encontradas en el soldado. Esta foto, tal vez sea una de la más importante del patrimonio atacameño. Falta identificar a los oficiales, pero es claro que allí están: Diego Dublé Almeida, Rafael Zorraíndo y Elías Marconi Dolarea. Esta foto es suficiente para saber a qué regimiento pertenecía, el soldado, Miguel Mena(J. Bisama Cuevas; Álbum gráfico militar de Chile, Campaña del Pacífico, 1879-1884, Sociedad Imprenta y Litografía Universo, Tomo I, 1909.

El pañuelo que cubre la cabeza del soldado puede ser de tela o de seda. Seguramente fue comprado a los chinos cuando el regimiento estuvo en “Pisco Alto”, como lo señala, el capitán del Regimiento Atacama, Elías Marconi: “Los chinos de calva reglamentaria y de gran chape tienen tiendas de sederías que han introducido en mayor parte de contrabando(página 155, del Tomo III, del libro referido).

También resulta gravitante la relación de la indumentaria de los regimientos de la Brigada que -esa mañana- actuaron junto al Atacama. El Segundo de Línea tenía en la hebilla del cinturón de sus soldados un número 2; Mena, una estrella. El Colchagua tenía en sus soldados pantalones rojos(Foto del regimiento sobre el puente de Lurín, Museo de Colchagua); Mena, azul. El Talca tenía “un estandarte francés con un cuadrado blanco sobre el azul”(M. Le León; Ídem, página n° 204); Mena, una “V” invertida roja.

Respecto a la manta encontrada al soldado, Marconi dice en el texto antes referido, página n° 118: “Las camanchacas son serias por allá y dormiremos a cielo raso sobre la arena. Loco sería por otra parte el que pretendiera llevar consigo un colchón por manual que fuese. Un chal y un capote, para que más?”. Este poncho no sólo servía para cubrirse del frío, sino que era impermeable al agua, tal cual se ve en la foto donde el soldado fue apoyado.

Para completar la certeza de la ropa encontrada al soldado, es importante esta otra referencia de Marconi, fechada en Tacna, el 7 de noviembre de 1880, en la página n°116: “La tropa se equipa de todo lo necesario al soldado: cambia rifles descompuestos por buenos, recibe traje de brin propio para el clima ardiente de Lima, repone sus caramañolas, correaje, calzado y ropa interior”. Con este traje fue encontrado el soldado, Miguel Mena.

 

Rescatando al Soldado Miguel Mena
EL ATACAMA EN LA BATALLA DE CHORRILLOS

Por Arturo Volantines

   En cuanto al “teatro de operaciones” de la Batalla de San Juan(Chorrillos); o sea, del Cerro Zigzag y de su en torno, hay un sinnúmero de textos epocales que dan cuenta detalladamente del desarrollo del combate y del movimiento del Regimiento Atacama. Está La Corresponsalía de Elías Marconi Dolarea, capitán-ayudante del Atacama n°2 -y luego del Regimiento Atacama-, cuyo relato llega hasta allí, porque fue herido de muerte en la batalla del día siguiente; las memorias del Comandante del Regimiento, Diego Dublé Almeida, denominadas “Relación Personal de las batallas de Chorrillos y Miraflores”; en los tomos n°IV y n°V de la Guerra del Pacífico, recopilación completa de todos los Documentos oficiales, correspondientes y demás publicaciones referentes a la guerra de Pascual Ahumada Moreno, publicados en 1887 y 1888, respectivamente; en los volúmenes de Hilarión Marconi; en las obras de Benjamín Vicuña Mackenna, etc. Basta con citar, como ejemplo, el texto Episodios de la Guerra del Pacífico de Ramón Pacheco, publicado en Iquique, en la Imprenta “El Veintiuno de Mayo”, en 1884, donde éste señala: “El Atacama tiene delante de sí una larga trinchera enemiga de más de dos cuadras y en forma de línea serpenteada(*), que parece un arco de indígena de Norte América. Para llegar hasta ella hay que subir una ceja de médano(*) donde los soldados se entierran hasta más arriba del tobillo…en medio de un infierno de balas arrojadas por ricas armas de precisión desde la enorme trinchera, los atacameños y talquinos ganaron al fin la cresta del pesadísimo y empinado arenal…”. Y fue donde perdió la vida, Miguel Mena. También fue allí donde una granada, que estalló en el pecho del liceano, Adolfo Morales, bañó de “sangre y aún pedazos de carne(**)” al estandarte del 2° Batallón, obsequiado por Guillermo Matta y confeccionado por las damas copiapinas: Matilde y María Teresa Quiñones y Carolina Baz. 


   A partir de que -en la Batalla de Chorrillos- fueron 6 las unidades(Regimiento 4° de línea, Chacabuco, Atacama, Talca, 2° de Línea y Colchagua) que actuaron al centro del “campo de operaciones”, desplazándose desde ese centro hacia el Oriente y al Poniente, y también con algunas unidades hacia la derecha tocándose con la Segunda División y después llegando al pueblo de Chorrillos; o sea, el Regimiento Atacama cubrió los 16 kilómetros del campo de batalla, que va desde el “Morro del Solar pasando por el Cerro Zigzag, San Juan hasta Monterrico Chico”; combatiendo por más de 7 horas seguidas, como lo señala Francisco Encina, en el Tomo XVII, de su Historia de Chile, página n°322. Dice en sus memorias, el Comandante Diego Dublé Almeida: “A nuestro frente se diseñaban perfectamente tres elevados cerros(Zigzag*) que constituían tres fuertes posiciones, las más avanzadas del enemigo que se unían por su izquierda con una extensa línea de fosas y trincheras a los cerros fortificados de San Juan”. Específicamente, el Segundo Batallón del Atacama empezó a operar desde esos arenales, -señala Pedro Pablo Figueroa en su Atacama en la Guerra del Pacífico, página n°116-, hacia el Suroeste del Cerro Zigzag; y, luego, de tomarse ese sector, ayudan a la Reserva a tomarse el noreste del Cerro Zigzag(M. Le León; Recuerdos de una misión en el ejercito chileno, página n°110, Editorial Francisco de Aguirre).

Después, estas tropas rebasan el Cerro Zigzag, donde el Regimiento Atacama se redujo o se disperso mayoritariamente; y luego, sólo con 400 hombres, haciendo una leve curva se dirigió hacia el Cerro del Solar(Carlos Dellepiane; Historia Militar del Perú, Tomo n°II, Imprenta y librería del Gabinete militar, segunda edición, 1936, Perú; croquis n°14). También en el croquis n°13, de la obra antes citada, aparece el saliente de las tres lomas llamadas Zigzag, que por la izquierda tiene un poco antes a la hacienda La Villa y un poco más al norte en la misma línea las abras de Santa Teresa. Dice en su Relación citada, el Comandante del Regimiento, Diego Dublé Almeida: “Encargué  al mayor Valenzuela, mi tercer jefe, el cuidado de mi gente y que reuniese a todos los dispersos que por ahí andaban”. En otro pasaje, de la Relación citada, dice Dublé Almeida: “Eran las 6 P.M. cuando terminaba la tarea de recoger dispersos. Con todo, no alcanzaba el número de Atacameños a 500(***)”.

Carlos Dellepiane es muy profuso en explicar la Batalla de San Juan y los desplazamientos del ejército chileno y especialmente los de la Primera División; y como la Segunda División se extravió y terminó más al este de lo previsto, lo que precisa notablemente la pertenencia del soldado, Miguel Mena. Dice, Dellepiane, página n°354: “La Primera División de Lynch, contando con el apoyo de fuegos de la escuadra…debía asaltar…el saliente por las tres cumbres del Zigzag”. También, dice, en la página n°357: “Llegadas las dos columnas de la derecha Lynch(Atacama y 2° de Línea*) a las loma arenosa que forma pie a las pendientes sur del Zigzag, los efectos de los defensores fueron más potentes y el Comandante de la Primera vió a sus tropas en situación difícil, agotadas y detenidas bajo la acción directa de los peruanos”. Lynch tuvo problemas por lo ancho que cubría su División, como lo señala C. Dellepiane: “Los fuegos de la defensa le hicieron enmendar automáticamente su error, pues atrajeron tres de sus columnas hacia el saliente que forma el Zigzag…”(página n°375). Allí murió y allí encontraron al atacameño .Y en la página siguiente, el historiador peruano, abunda en la poca participación de la División de Sotomayor en el Zigzag: “Sotomayor, perdido en la pampa empleó toda su energía para avanzar cuando se dio cuenta de que el combate se estaba realizando sin su cooperación”. Y esto también aclara la lejanía de los regimientos de la Segunda División respecto al lugar donde fue encontrado el soldado.


   Resulta estremecedora, aclaradora y definitiva, respecto a todos los aspectos dudosos de este tema, la carta enviada, por el Comandante del Regimiento Atacama, Diego Dublé Almeida, el 22 de febrero de 1881, al General en Jefe del Ejército expedicionario en el Perú y Bolivia, Manuel Baquedano: “En esta batalla(San Juan*), señor General en Jefe, cupo al regimiento Atacama, que tengo el honor de mandar, y al regimiento Talca ser los primeros que a las 6 A.M. de ese glorioso día tomaron las primeras trincheras enemigas Eran los regimientos de vanguardia. En seguida, después de un momento de descanso, el Atacama y el Talca unidos, asaltaron y tomaron el cerro fortificado que les había sido designado de antemano(Zigzag*). Tanto en las trincheras como en la cima del cerro, cuyo acceso fue muy difícil, flamearon los estandartes del Atacama y el del Talca, los que llegaron en este orden: primero, el del 2° batallón Atacama llevado por el subteniente don Carlos Escuti Orrego(hermano de los poetas, Ramón y Luis*), joven que tuvo que dar pruebas de un valor y arrojo extraordinario…” Y, además, dice. “El regimiento Buin pertenecía a esa división(Segunda División*) y venía en ella, por consiguiente no pudo ningún individuo de ese cuerpo ni de esa división ser el primero que pusiese la bandera chilena en trincheras enemigas. Hacia mucho tiempo que la primera división había asaltado y tomado las posiciones del ala derecha enemiga cuando apareció la Segunda División”(Pedro Pablo Figueroa; Atacama en la Guerra del Pacífico, imprenta Colón, 1888; paginas n°135 y n°136).             
   Que a Atacama no le quiten sus glorias, aunque sus hijos anden soñolientos.

 

*      Nota o subrayado del editor.
** Benjamín Vicuña Mackenna; Historia de la Campaña de Lima, página n°948.    
*** El Regimiento Atacama entró a combatir ese día con 1.146  hombres.

 

Por Arturo Volantines

La Provincia de Atacama aportó más de 2.000 soldados a las tropas chilenas en la Guerra del Pacífico. Los primeros 300 partieron en el Regimiento 2° de Línea, donde iba el héroe calderino de la Batalla de Tarapacá, Jorge Cotton Williams. El Atacama n°1 y el Atacama n°2 aportaron 600 cada uno. Las reposiciones fueron enormes por las muertes en combate y enfermedades; ya que los atacameños siempre fueron la vanguardia en la estrategia militar no muy comprendida de Baquedano: de ir de frente y al centro, a romper las líneas enemigas. Las bajas bordearon el 50% en Tacna y Chorrillos, incluidos sus jefes más notables: Juan Martínez, Rafael Zorraindo, Elías Marconi, etc. Las bajas del Atacama en la guerra fueron sobre 1.000. Del primer Atacama sólo volvieron 54.


   Atacameños notables dejaron el corazón en la contienda. Cesáreo Huerta era laborioso industrial; también Ramón Rosa Vallejo; Ascanio Prado, poeta que murió como su hermano Manuel; David Patiño, Justo Labbé, Arturo Ruiz Tagle, Edmundo Villegas, Pedro Antonio Arancibia; Matías Perafán, un destacado estudiante; José Silvestre Galleguillos, que murió como su padre en 1851, luchando en las tropas nortinas; Luis Roco, tipógrafo; Vicente Veloso, que soporto en Tacna 60 hachazos; Juan Portilla que recibió 8 balazos, y que desde el hospital de sangre de La Serena escribió que sólo quería volver al combate, etc. ¿Cuando calles de Copiapó llevan estos nombres?


   Una vez más la provincia se puso en campaña: desde las minas y laboreos bajaron los mineros; los liceanos se enrolaron masivamente; la gente que había combatido con el General, Pedro León Gallo también se hizo presente, incluido numerosos argentinos; el patriarca, Guillermo Matta y las familias más distinguidas incluida Candelaria Goyenechea se organizaron y entregaron notables recursos, para alimentar y vestir a los voluntarios.    


   Para proveer de uniformes al Atacama n°1 se conformó, en Copiapó, una “Comisión de Subsidios de Señoras y Caballeros”. Esta comisión se propuso construir los uniformes para 600 soldados, pero ni en Santiago ni en Valparaíso se encontró tela, por lo que tuvieron que recurrir a la mezquilla existente en la ciudad. El pueblo minero de “Chimbero”, -al norte de Copiapó-, donó una pequeña fortuna de 2.000 pesos. Dice en su texto, Hilarión Marconi Dolarea. Página n°70, fechado el 27 de mayo de 1879: “Es indescriptible el entusiasmo de las familias para preparar las cotas de mezclilla que van a servir al cuerpo de voluntarios. En una sola hora se completó el número de 600 cotas entre muchas familias” (Contingente de la Provincia de Atacama en la Guerra del Pacífico, Primera Parte, Librería de El Atacama, calle Chañarcillo n°112).


   El Batallón Atacama n°1 empezó a usar este uniforme de cota. Y también usó cantimploras construidas y donadas por el ejemplar pueblo del distrito de “Chimbero”. “Estos trajes ligeros, sencillos, que se les dio al personal del batallón Atacama, después de dos meses deben encontrarse ya bastante deteriorados, sobre todo cuando todas las compañías del expresado batallón se han ocupado día a día en Caldera en el trabajo de las fortificaciones, donde no podían menos que destrozarse”, afirma, Hilarión Marconi (página n°133).  


   El 27 de septiembre de 1879, días antes que el batallón partiera a Antofagasta, recibió un uniforme negro, y que fue burla de “los aliados” llamándolos “curitas”. Varios regimientos de la Primera División usaron durante la Batalla de Chorrillos guerrera gris azulado, pantalón mayoritariamente rojo, cubierto por otra tenida exterior beige de camuflaje, con su correspondiente cantimplora, morral y canana con correas cruzadas en el pecho (M. Le León; Recuerdos de una misión en el ejército chileno, página n°202). También dice, el autor en el libro antes citado, en la página n°198: “Los soldados tienen vestimenta completamente en género y por encima un pantalón y una pequeña chaqueta en cutí de color gris (brin)”. En el extraordinario texto de Benjamín Vicuña Mackenna, El álbum de la gloria de Chile, página Nº 427 (edición de 1883, Imprenta Cervantes), dice: “…los padrecitos por su largo capote oscuro, a manera de sotana, que cubría sus raídos pantalones de reclutas, sobras de los cuarteles cívicos de la empobrecida provincia”.    


   Cuando los dos batallones se convirtieron en regimiento -y esto es capital para aclarar la pertenencia del soldado Mena-, el uniforme consistía, como lo señala el capitán Marconi, en una carta fechada el 11 de septiembre de 1880: “Uniformado como da gusto verlo formado o haciendo evoluciones. El uniforme compone de pantalón azul (*), un poco bombacho, casaca azul oscura con bocamanga lacre (rojo*), como las que usan últimamente Matta y Puelma**. Bota con baya con pantalón dentro”. Cuando se hizo cargo del regimiento, Diego Dublé Almeida, se dieron botas nuevas. Obviamente lo anterior, aclara la diferencia entre los azules: del pantalón y de la casaca; y, además, aclara suficientemente la diferencia fundamental con otros regimientos, y, por ende, a que regimiento pertenecía el soldado Mena.


   La hebilla del cinturón encontrada en el soldado presenta en relieve una estrella de cinco puntas coronada por la inscripción de la Guardia Nacional. Esta hebilla corresponde a las unidades de civiles movilizados (Benjamín Vicuña Mackenna; Historia de la Campaña de Tarapacá, 1880, Tomo I, página n°199).


   En la parte interior de la pretina, con toda claridad aparecen las iniciales “M.M.1°, C”: Marca militar, característica que todavía se usa para personalizar el “cargo” o prendas otorgadas en consignación por el ejército de Chile a sus reclutas. Sugerencia que hizo el Ejército de Chile a los especialistas peruanos. Esto ya había sido descubierto hace algún tiempo, y causó la extrañeza del historiador peruano, Jorge Ortiz: el por qué no se difundió oportunamente.  


   Las unidades militares chilenas usaban distintos galones para diferenciarse (M. Le León; Recuerdos de una misión en el ejército, páginas n°203 y n°204). La Primera División usaba un (1) cintillo de lana en un brazo. Y, específicamente, los soldados del Regimiento Atacama usaban además galones rojos en ambos brazos, que consistía en una “V” invertida. Esto es  muy significativo para re-conocer a que unidad pertenecía el soldado del Cerro Zigzag. En su corresponsalía, el capitán-Ayudante del Regimiento Atacama, Elías Marconi, fechada en la localidad de Pisco, el 8 de diciembre de 1880, dice: “El traje de paño de la tropa ha recibido un embeleco más. Usan todos una faja lacre(rojo*) de una pulgada de ancho en cada brazo y es de muy bonito efecto(*). El valor varía según los cuerpos; de ese modo se distinguen todos los regimientos”(Hilarión Marconi Dolarea; El contingente de la Provincia de Atacama en la Guerra del Pacífico, Tomo III, página n°176).   

   
    Si miramos detenidamente la foto del soldado momificado, veremos debajo del traje de camuflaje, el pantalón azul tan propio y sólo del Atacama. Y si volvemos a mirar el traje, veremos en los brazos del soldado las dos “v” invertidas, que eran la distinción del Regimiento Atacama. Pero si miramos más profundamente, a través de ese uniforme, -más allá de borra y el olvido-,  veremos el carácter atacameño: el azul con su estrella oro que todavía puede brillar.

 

*       Nota o subrayado del autor.
**     Oficiales del Regimiento Atacama.

 

 

Rescatando al soldado, Miguel Mena.


MEMORIAS DE LOS HÉROES ATACAMEÑOS
CAÍDOS EN LOS CAMPOS PERUANOS.

 

Por Arturo Volantines

 

1.-

  Atacama del siglo XIX, tuvo una pléyade de intelectuales: Jotabeche fue un genial articulista de costumbres, hasta ahora no superado en Chile; Rosario Orrego fue la primera novelista y su hija Regina, la primera mujer que recibió un “bachiller en humanidades” en Chile. Pedro Pablo Figueroa fue un historiador profundo, admirado por Gabriela Mistral; Guillermo Matta, el mejor poeta de ese siglo en Chile; Rómulo Mandiola, es el primer crítico literario nacional; Pedro León Gallo, el revolucionario con más coraje que ha tenido este país; Manuel Antonio Matta, radical, que le cambio el pensamiento a un siglo completo; Roman Fritis, Carlos María Sayago, Delfina María Hidalgo, Juan José Julio, Valentín Magallanes, Ramón Escuti Orrego, Juan Serapio Lois, etc. Agreguemos: Diego de Almeida, José Santos Ossa, “Manco” Moreno, “Chango” López y otros atacameños que domaron el desierto.  


   Desde 1850 hasta 1890, Copiapó era la ciudad más culta de Chile. Allí llegaron los caudillos argentinos: Felipe Varela, “Chacho” Peñaloza, Domingo Faustino Sarmiento y otros intelectuales exiliados de Rosas. Copiapó tenía a los dos poetas más importantes del país, y los hijos de éstos participaron heroicamente en la Guerra: Gonzalo Matta y Luis Uribe.


   Muchos reclutados sabían leer y escribir, ya que eran liceanos; y, aún mucho más, los del Atacama n°2. En el texto, Atacama en la Guerra del Pacífico, de Pedro Pablo Figueroa(publicado por la imprenta Colón, Santiago de Chile, 1888), dice, en la página n° 76: “El Batallón Atacama fue el cuerpo de legionarios ciudadanos que más se distinguió en la campaña por su amor a las letras; por eso su civismo lo ha señalado en la historia como primero en el valor y primero en el progreso. Un grupo de jóvenes inteligentes, instruidos y entusiastas,…”. 


   Escribieron varios diarios y revistas literarias: “El Atacameño en Campaña”, manuscrito del cual no se conservaron ejemplares y que dirigió el subteniente, Antonio Segundo Garrido; “El Cocho”, “El Jergén”; “El Hueco”, que dirigió Gonzalo Matta, etc. El más importante fue “El Atacameño”, escritos por los cabos y sargentos del Atacama, a partir del 1 septiembre de 1880, en el campamento de Pocollai, y se conservaron los 4 números, ya que el sargento, Lindor Arenas Fraga, los mantuvo adentro de su casaca. Esta revista literaria fue dirigida por el sargento, Caupolicán Vera; y participaron, entre otros: Anatolio Mandiola, Ascanio Prado, Alejandro Arancibia, Rodolfo Prieto, Lindor Arenas Fraga, Eugenio Careaga, Belisario Martínez, José Tricó Vivanco, etc. Además, los atacameños en la guerra, generaron numerosas memorias y un sinnúmero de cartas y poemas; entre ellos: Torreblanca, Marconi, Gonzalo Matta, Lindor Arena Fraga, Ascanio Prado, José Antonio Tricó Vivanco, Eugenio Careaga, etc. Fue normal una libreta de apuntes en los soldados del Atacama. Es un mito que eran puros mineros; incluso, algunos eran hijos de mineros cultos y pertenecían a las familias ilustres de Atacama: Escuti, Dolarea, Goyenechea, Vallejos, Torreblanca, Matta, Gallo, Valenzuela, Williams, etc.

2.-

   Sobre el diario del soldado Miguel Mena, no se ha dicho todo, porque sólo se conocen las últimas hojas; ya que no se ha dado a conocer la trascripción completa, pero podemos avanzar sustancialmente en relación a identificar aún más claramente al soldado, aunque obviamente con la trascripción se verá totalmente. El examen de ADN. servirá para conocer más al soldado, y para alejar a los muchos herederos que han aparecido. Aunque podría seguirse la huella del también soldado, Juan Mena, del mismo Batallón; y de una carta, con una larguísima lista de vecinos del distrito minero de “Chimbero”, cercano a Copiapó, firmada el 26 de diciembre de 1879, donde aparece Benjamín Mena, entregando una donación importante al Intendente.


   Para analizar la libreta es fundamental considerar a lo menos dos aspectos gramaticales(pragmática y semántica). Cuando el soldado habla en primera persona(“Al doctor Osorio entregué 100…”), delata un compromiso obvio con los hechos que da cuenta. Cuando nombra el sustantivo perifrástico y nominal(“partida/salida/llegada”), no hay necesariamente un compromiso del soldado en los hechos ni tampoco en su discurso enunciativo, épico y referencial(tercera persona), aunque se puede presumir su participación en el “área de operaciones” de la guerra. Y cuando dice “salida”, es de perogrullo que se refiere a las tropas, en la jerga normal de los uniformados(Capitán, Oscar Kaplán C.; Diccionario Militar, Instituto Geográfico Militar, 1944).


   Las notas escritas por el soldado son cronológicas. Terminan seguramente el día 12 de enero de 1881, un día antes de su muerte y de la Batalla de San Juan. La parte que conocemos del texto -parte final- empieza en Pisagua, donde el Atacama n°2 estuvo dos meses completando su entrenamiento, coincidente con lo que señala el soldado en su libreta: “22 de Abril(1880*)”. El 27 del mismo mes llega el batallón a Ilo, y a partir de mayo se estaciona en Pacocha, al norte del valle de Sama.  


   Apenas fue encontrado el soldado se dijo por la televisión que aparece en su libreta un apellido “Basquez”, y después se dieron cuenta que aparecen otros nombres. Se descartó que se tratara de un soldado de apellido Vázquez. Pero la televisión peruana hizo notar que el nombre “Copiapo”(sin acento) aparece en la libreta y que el soldado hace referencias a la zona. Claro, como dice Jotabeche, la palabra Copiapó es mágica para los copiapinos. Esto me bastaría a mí, pero veamos más.


   Algunos señalan que no sería del Atacama, porque el Atacama n°2 no participó en la Toma del Morro de Arica ni en la Batalla de Tacna. El soldado no dice en la libreta que estuvo en esas batallas; sólo da cuenta de ellas. El Atacama n°2 estuvo en Arica, -en el “teatro de operaciones”-, donde se le hizo una recepción, el día 30 de agosto de 1880, como lo señala en carta al “El Atacama” de Copiapó, Elías Marconi. Y, luego, el Atacama n°2 fue recibido en Tacna, por el desmembrado Atacama n°1. Allí acordaron ser un regimiento, y viraron a 2 leguas, a la localidad de Pocollai; y fue entonces cuando las 2 unidades se convirtieron en una sola, con 4 Compañías cada Batallón, y el soldado Miguel Mena pasó a ser de la Primera Compañía del Segundo Batallón.


   Tal vez la siguiente anotación sea la más controvertida del soldado: “Partida de Sama a Tacna el 25 de mayo de 1880 / Toma de Tacna Mayo 26 / Partida para Arica el 2 de Junio de 1880 / Toma de Arica Junio 7 de 1880”. En varias memorias, los soldados hablan de los campos de batalla y del desplazamiento de las tropas, pero eso no significa que dicho soldado participó en la contienda que señala, como en el caso de las Memorias del soldado Hipólito Gutiérrez, que al pasar por Dolores días después de esa batalla, describe los horrores allí sucedidos. Es importante señalar que el uso del sustantivo perifrástico(“partida”), por parte del soldado, obviamente no significa su participación directa de los hechos sino del ejército de Chile. Claro, el ejército parte a Tacna efectivamente el 25 de mayo desde el campamento de Buena Vista-Las Yaras, “sobre ambos márgenes del río Sama”(página n°244 del texto de C. Dellepiane, antes señalado). El Atacama n°2 se encuentra en el área, al norte del río Sama(Pacocha y Hospicio), donde le tocó cuidar la retaguardia en la Batalla de Tacna, por la amenaza de las fuerzas de la Alianza estacionadas al noreste de Moquegua(Arequipa), y como lo señala también en su obra, Francisco Machuca(Las Cuatro Campañas de la Guerra del Pacífico, Tomo II, 1928; capítulo XVIII). Para mayor precisión, agrega en su texto, Carlos Dellepiane, en la página n°240: “Los batallones Valdivia, Caupolicán, así como el 2° batallón del Regimiento Atacama, quedaron de guarnición en Ilo-Hospicio con el objeto de contener los movimientos que pudiera realizar la división peruana de Arequipa, segunda del Segundo Ejército del sur, que los chilenos sabían que estaba en movimiento sobre Torata”.            
  Lo más significativo de esta libreta: El soldado cuenta que desde Pisco a Lurín se fue por tierra. Cierto, la Primera Brigada, del coronel Juan Martínez, de la Primera División comandada por Lynch, se fue por tierra, como lo comenta con sabrosas anécdotas el capitán Marconi, a partir del 12-13 de diciembre de 1880, en dos grupos, llegando -como lo señala el soldado Mena en su libreta- el 26 de diciembre del mismo año. El grueso del ejército se fue por mar desde Arica a la Caleta de Pescadores, al sur de Lurín. Resulta gravitante la aclaración que descarta que se tratara de un soldado del Buin, porque ellos no pertenecieron a la Primera División y, aún menos, a la Primera Brigada.


   El soldado señala en su libreta el itinerario más específico desde la salida de Pisco, Tambo de Mora, Cañete, “Serro asul”(Cerro Azul*), Mala, Asia, llegando a Lurín el día después de Pascua(26). El Regimiento Atacama hace el mismo itinerario, a partir de las 16:00 del día en cuestión, como lo señala paso a paso el capitán Marconi en su Corresponsalía a su hermano(Hilarión Marconi), en el Tomo III, páginas: n°189, n°197, n°202, n°203, etc.). Es notorio que Mena y Marconi van en el mismo regimiento.


   Sólo hizo el recorrido desde Pisco a Lurín por tierra la Primera Brigada de la Primera División. Además Lynch dividió la brigada en dos escalones. El  segundo escalón era comandado por el coronel, Juan Martínez. Y estaba formado por el Regimiento Atacama, el Colchagua y una batería de montaña(Francisco A. Machuca; Las Cuatro Campañas de la Guerra del Pacífico, Tomo n°III, Imprenta Victoria, 1929; página n°260) llegando a Lurín el 26 de diciembre, -tal como señala el soldado en su libreta-, porque la otra parte de la brigada había llegado el día anterior conjuntamente con todo el resto del ejército que venía por mar. O sea, de los casi 28.000 hombres que componían el ejército sólo un poco más de 2.000 llegaron ese 26, donde venía el soldado del Cerro Zigzag y el capitán Marconi. Benjamín Vicuña Mackenna en su Historia de la Campaña de Lima(Rafael Jover, Editor, 1881);, página n°814, dice: “A la una de ese mismo día(25*) penetraba en pintoresco tropel de asnos, sombreros de petate y toda clase de arreos la primera mitad de la brigada al campamento de Lurín; y el resto de ella llegaba con el mismo talante a cargo del coronel Martínez al día siguiente(26*)”. O sea, desde la perspectiva del itinerario, además del Atacama, el soldado del Cerro Zigzag quedaría abierto sólo al Colchagua.


   En su corresponsalía, que aparece en el interior del libro de su hermano Hilarión, Elías Marconi, dice: “Toda la brigada Lynch no ha marchado siempre unida. Desde Cerro Azul se adelantó una sección compuesta de Artillería, 2° de Línea, el Talca y el Regimiento Granaderos. Esta sección la comandaba el coronel Lynch. La segunda sección se componía del Atacama, el Colchagua, una parte de la Artillería y parte de la caballería y por fin los bagajes. Esta sección era comandada por el coronel Martínez, ha marchado a retaguardia y a una jornada o menos de distancia”. Y, luego, en la misma página n°220, dice: “En Bujama se volvieron a unir para continuar unidas hasta Chilca, de donde volvió a adelantarse de nuevo la primera sección quedando la segunda para continuar al día siguiente en que emprendió la marcha llegando a Lurín el 26 a las tres de la tarde”. El soldado apuntó en su libreta: “Llegada a Lurín 26”.


   Paralelamente he simulado o seguido la huella de otros regimientos; especialmente al Regimiento de Artilleros y al 2° de Línea, pero no hay consistencia en las rutas ni en las indumentarias. Pero sí son coincidentes las notas del capitán-ayudante del Atacama con las notas del soldado encontrado en el Cerro Zigzag.  

3.-

   Me parece suficiente desde el ámbito atacameño y de las informaciones que tenemos para completar la identificación que han hecho los expertos peruanos del soldado y de su pertenencia al Regimiento Atacama. A lo menos hay tres aspectos nuevos y  sustanciosos -de varios otros que hemos dado cuenta en otros artículos anteriores-: Las coincidencias: tanto de la libreta del soldado en cuanto a su itinerario y su  llegada a Lurín y la bibliografía precisa del capitán, Elías Marconi Dolarea de la llegada del Regimiento Atacama; tanto, los galones rojos del soldado momificado en ambos brazos con los galones usados por el Regimiento Atacama; y, tanto, la diferenciación de los otros regimientos del pantalón azul usado por el Regimiento Atacama y su coincidencia con el pantalón azul del soldado encontrado.        


   El soldado Mena es parte del rostro perdido y heroico de Atacama. Y si Atacama recupera su verdadero rostro, su nervadura vital y profunda; si se eleva y mira su cuerpo desde arriba -desde el mundo-, podrá tomar conciencia de su ethós, de su fortuna enterrada en el olvido, y que pareciera que hoy sólo aúlla con el paso del viento. Atacama debe volver a ser profundamente minera, para volver a sacar a volar su patrimonio, para desenterrar esta riqueza y para que sus hijos ganen una batalla que se ha esquivado durante estos últimos cien años: Recuperar su destino de vanguardia en un mundo globalizado. Dice, Pedro Pablo Figueroa, ese copiapino notable: “Al escribirlos, hemos querido pagar a ese invicto jirón de la patria, la gloria de ser su hijo…!”  

*       Nota o subrayado del autor.

 

 

 

 

 

La Guerra del Pacifico ”Gloriosos Batallones de Atacama” Héroes por Siempre. www.batallonesdeatacama.org Por Felipe Varas Erazo.