“LA TREGUA” Prisioneros bolivianos del Batallón Atacama, durante laGuerradel Pacifico.

UN GRAN HÉROE
EX CABO DEL BATALLON AROMA DEL EJERCITO BOLIVIANO.

 

 

Ex Cabo Del Batallón Aroma Del Ejercito Boliviano Campaña De Tacna Año 1879 Fernando Yañez Falleció EL 29 De Noviembre De 1925 En Copiapó.

EX CABO DEL BATALLON AROMA DEL EJERCITO BOLIVIANO CAMPAÑA DE TACNA AÑO 1879 FERNANDO YAÑEZ FALLECIO EL 29 DE NOVIEMBRE DE 1925 EN COPIAPO

Les contaremos esta historia, para que vean que no todo en una guerra es malo.

El Batallón Atacama Nº 1 en la batalla de Tacna, hizo un gesto de generosidad, dado que un Cabo del Batallon Aroma del Ejercito Boliviano, se encontraba herido y algunos soldados y oficiales chilenos del Atacama Nº 1 se compadecieron y brindaron ayuda aquel digno Héroe Bolviano, y que mas adelante acompaño de regreso al Regimiento Atacama a Copiapó y en donde los oficales se encargaron de darle un trabajo digno, y una buena educacion y ya radicado radicado en Copiapó fallece el 29 de noviembre de 1925 en dicha ciudad. siendo un veterano que lucho por las causas de su pais y que defendio a su bandera.

Actualmente se encuentra sepultado en el cementerio Municipal de Copiapó.

 

Profesor Magíster Rodrigo Zalaquett Fuente-Alba.

Sangre por Sangre.

Mucho se ha hablado y escrito acerca de las atrocidades , cometidas por los soldados chilenos, peruanos y en menor mediada bolivianos, durante las campañas de la Guerra del Pacifico pues el soldado regular (militar o soldado voluntario) o combatiente irregular(guerrillero y montonero) se encuentra agobiado por un poderoso stress que domina su cordura. Así bajo presiones anormales de angustia, miedo, hambre y odio, el soldado da riendas sueltas al saqueo, al pillaje, al asesinato y las violaciones.
Estas atrocidades son una constante histórica, y no podía ser de otra manera, pues “...lejos de los suyos la muerte puede caerle en cualquier momento. Ve sucumbir a sus compañeros con quienes ha compartido penas y alegrías, y no sabe cuando terminara todo aquello(...) en posesión de armas puede ejercer la venganza a discreción contra quienes lo afecten o son un peligro. Siente justificada sus acciones y por eso no se detiene para destruir y hacer botín(...)destruir es un desahogo y robar parece ser un derecho para compensar los sufrimientos y peligros(...)si en el escenario hay alcohol y mujeres, el desenfreno es inevitable”
Estos “vicios de la guerra” le fueron imputados a los soldados chilenos durante las campañas de la Guerra del Pacifico. Relatos de ello se encuentran por montones, eso si, no exentos de subjetividad, pues como comprobaremos mas adelante, Chile se mostró correcto en lo que al trato de los heridos y prisioneros enemigos se refiere.

El Coronel Estanislao del Canto luego de la batalla de Dolores, anotaba en su libreta de campaña: “...daba gusto ver como soldados de los distintos regimientos chilenos pedían permiso para ir a recoger enemigos heridos, que trasportaban al cuerpo de ambulancia formado camillas con sus rifles entrecruzados” . Este gesto de humanidad, este “Sentir Samaritano”, permitió mitigar un poco, los horrores de la guerra.


De todas maneras, se ha desarrollado de parte de los pueblos derrotados una cantidad importante de oleos y dibujos, en que muestran a los soldados chilenos y al ejercito en general, como autores de atrocidades, violaciones y pillaje. También existen noticias y escritos, memorias, etc. que mezclan hechos reales y ficticios.


Hubo acciones deplorables en el fragor de la batalla, pero generalizar y culpar a todos, es un error.
Las observaciones que podemos realizar del arte pictórico, son interesantes. Por ejemplo, el Dramático óleo de Ramón Muñiz titulado “El Repase”, es tan fuerte en términos simbólicos, que cala hondo en el inconsciente colectivo de los vencidos. El rechazo se potencia y esto determina el odio, la venganza, el resentimiento y la desconfianza.


En la pintura de Muñiz, se muestra a un soldado chileno que impertérrito, intenta repasar a la bayoneta a un enemigo herido. Una “rabona” deja de lado a su pequeño hijo, para interponerse entre el cuerpo de su compañero herido, y la bayoneta del soldado chileno. Los rasgos de las victimas son indígenas y en sus rostros se observan gestos de dulzura, inocencia y temor; en cambio el “roto” chileno es de raza blanca, su rostro se muestra duro y seco, un vil asesino.
Recordemos que este recurso llamado “El Repaso”, fue utilizado por las tropas británicas durante la guerra de independencia de Estados Unidos; y consistía en rematar al enemigo con la bayoneta una vez herido a bala. Esto lo explicaba un soldado del Atacama diciendo que: “...necesitaban dejar bien muertos a los enemigos, porque muchos se hacían los muertos y después les disparaban por detrás a mansalva”


La verdad es que esta técnica no fue exclusiva de las tropas chilenas, los soldados de la “Alianza”, también la hicieron suya en Tarapacá y La Concepción, sus tropas embriagados de sangre ultimaron a los heridos en el campo de batalla.
El “repaso” que se realizaba durante el combate era previsible pues cualquier soldado que no se encuentre gravemente herido, es un enemigo potencial. Pero en las ciudades ocupadas, la situación era diferente, pues era necesario mantener la disciplina de la tropa, para que no ocurriesen saqueos y desmanes, y así mantener buenas relaciones con la población civil.

No cabe duda que muchos se salvaron del “repase” al rendirse. El espectáculo tiene que haber sido horroroso para los soldados, que veían como una muralla de puntas de acero, avanzaba salvajemente para apuñalar y moler carne. Los que se rindieron, vivieron.
Hemos visto no menos de 35 oleos, dibujos y pinturas, de artistas chilenos, peruanos y bolivianos, referentes a la Guerra del Pacifico, en ellos no encontramos ninguna obra referente a los prisioneros, o cuyo tema sea el de “prisionero de guerra”, muy por el contrario, los motivos principales se refieren a los actos heroicos de soldados y regimientos; los campos de batallas y sus muertos, las tumbas y cruces en el desierto; acciones bélicas de regimientos; el descanso y los sueños del soldado, los vigías, etc; pero ninguno esta relacionado con el cautiverio del prisionero de guerra.
Esto nos lleva a pensar que el “prisionero de guerra” no fue un tema importante dentro del arte pictórico referente a la guerra. A pesar de ello, como veremos mas adelante, desde las filas chilenas, los prisioneros bolivianos y peruanos, gozaron de prerrogativas que hicieron mas llevadera la vida en cautiverio.


El alto mando militar y el gobierno chileno en la medida de lo posible, trataron de evitar los actos de salvajismo con los heridos, los saqueos y el pillaje; apegándose a la “ley de la Guerra”, concepto abstracto y ambiguo, pero que tenia su fundamento en el Derecho internacional de la época: “...con el objeto de proceder de la manera mas apegada al derecho internacional, el Gobierno de Chile publico “El Derecho de la Guerra según los últimos progresos de la civilización”(Santiago de Chile 1879) que fue repartido a los jefes militares(...)incluía los trabajos del Congreso Internacional de Bruselas en 1874; el Proyecto de una declaración internacional relativa a las leyes i usos de la guerra; La Declaración de San Petersburgo sobre armas prohibidas, y las Instrucciones para los ejércitos de los Estados Unidos de América, publicada en 1871” .


Estas disposiciones fueron tomadas en cuenta por el alto mando castrense, quien las remitió a los jefes y comandantes de las unidades en campaña, con el fin de ponerlas en practica y evitar vejaciones a la gente y desmanes, en los poblados ocupados.
Un corresponsal del periódico boliviano, “El Comercio de la Paz”, señalaba, a propósito de la entrada de los soldados chilenos en la ciudad de Tacna:”...sin embargo, no había sido el ejercito todo el que penetro a la ciudad a consumar las estorciones enunciadas, sino únicamente un numero de 200 a 300 soldados que, de una manera furtiva i so pretexto de perseguir a los derrotados, lograron internarse a la población; pues en obsequio de la verdad i justicia debemos espresar que ha pesar de la ciudad de Tacna había sido de hecho abandonada al amparo del enemigo vencedor, sin ninguna formalidad de parte de las autoridades(...)habiace contenido por el general en Jefe chileno el desborde de su forajido ejercito, impidiéndose por todos los medios posibles la entrada de los soldados, que ardían en el fuego de la avidez y la ambición” .
Luego de esta misma batalla, el periódico “El Ferrocarril”, señalaba: “Soldados dispersos que bajaron al valle cometieron en los suburbios pequeños desordenes difíciles de evitar después de una batalla, siendo tomados presos por las patrullas, pero en la ciudad no ocurrió absolutamente nada” .


De hecho, para reforzar esta medida se prohíbe la venta de alcohol en toda la ciudad, los infractores debería pagar una multa de 50 pesos.
El General Justo Arteaga dicta en Antofagasta el siguiente bando el 7 de julio de 1879, para regular los posibles desbandes de la tropa chilena: “...de esta fecha cesara el servicio de pequeña patrulla que los cuerpos del ejercito enviaban después de retreta, con el objeto de recorrer la población y conducir a su cuartel a los individuos de los distintos cuerpos que se encontrases fuera de sus cuarteles. Estas pequeñas patrullas serán reemplazadas por dos patrullas, una de prima y otra de nona, compuesta cada una de un oficial, un sargento, dos cabos y veinte soldados” .
De igual forma luego de la victoria en el “Alto de la Alianza”, el comandante del “Atacama”, Juan Martínez señalaba luego de ocupar uno de los fuertes enemigos: “...Aquí hicimos alto y ordene a los señores oficiales que me acompañaban, reunieran su jente para evitar que entraran a la población, pues no creí prudente hacerlo”


El parte de guerra del Escuadrón Carabineros de Yungay Nº 1, luego de la batalla de Tacna, hace referencia al resguardo del orden que el ejercito chileno realiza luego de la batalla: “...se rescataron 11 de nuestros prisioneros de épocas anteriores, que en la cárcel se hallaban encerrados, i se dieron las ordenes necesarias para la conservación del orden, y se ordeno que alguna tropa de la primera división, entrara también para asegurar el mas exacto cumplimiento de estas disposiciones. El escuadrón ocupo la noche entera en reunir dispersos y prevenir los horrores y desordenes tan difíciles de evitar en un pueblo tomado por asalto”

El orden y la disciplina de la tropa es responsabilidad de sus jefes. Se entiende entonces que el nivel moral y profesional de los oficiales debía ser el mejor, pues al ser jefes de combatientes, sus acciones y ejemplos de valor o cobardía, de justicia o injusticia, equivalen a ganarse el respeto y la adhesión de su tropa, y con ello la manutención de la disciplina. La máxima es, “Los buenos oficiales hacen un buen Ejercito”.
Para el oficial: “...los deberes y virtudes militares constituyen el norte de su acción. Deben ser profundos conocedores de su profesión y ser capaces de instruir, entrenar, administrar y conducir a la unidad que comandan(...)un oficial solo logra el respeto y subordinación voluntaria de sus hombres gracias a sus capacidades y conocimientos superiores, la entrega a la causa, disciplina y valentía. En suma todos aquellos rasgos que conforman al verdadero líder.”


El ejemplo descrito a continuación, por el diario “Atacama” durante el asalto a Pisagua es sugerente: “Otro de los prisioneros, el teniente Escalier Barroa, dice que se rindió a cinco soldados i un sargento del Buin, que le dieron alcance justo en el campamento. Uno de ellos lo registro para ver si llevaba armas i le quito la espada y un revolver. Pero no contento con esta pesquisa volvió a registrarlo y le saco del bolsillo el reloj y la cadena. Pero visto esto por el sargento le ordeno agriamente que devolviera al prisionero el reloj y la cadena. Diciéndole ¡nosotros hemos venido a pelear i no a robar!”.
Los soldados y oficiales que incurrían en delitos y pillajes, eran severamente castigados, como ocurrió con un grupo de soldados del batallón “3º de Línea”, durante el saqueo a la Aduana en Mollendo: “...en el lugar encantaron abundancia de licor, se dieron a beberlo y se ese momento el desorden se tradujo en mayor destrucción(...)se comprobó la participación de tres oficiales(...)el coronel Barbosa ordeno enjuiciar a los culpables. El general Escala también dispuso un sumario. Un capitán fue degradado públicamente en la plaza de ILo, otro oficial fue separado de su puesto por incompetente, y varios soldados fueron condenados a pena de muerte”


El soldado poeta del “Atacama” Rafael Torreblanca, también hace referencias a este hecho en una de sus cartas:“...una partida de esos bandidos fue fusilada, y en ILo se esperaba al “Angamos”, que se llevaba otra remesa para pasarla por las armas” .
Según el estudio del coronel Sergio Rodríguez, la gran mayoría de los desmanes realizados por la tropa chilena, correspondían a soldados voluntarios, que formaron los “batallones cívicos”, a los cuales les era ajena la disciplina y moral militar. Recordemos que estos cuerpos cívicos recibían ese nombre, pues eran formados por voluntarios civiles como estudiantes, mineros del norte, campesinos, abogados, ingenieros, huasos del sur, pescadores, artesanos, etc.


Es preciso señalar que algunos de los cuerpos cívicos, no estaban formados por los mejores ciudadanos, pues se enganchaban a convictos, borrachines, patanes y buscavidas: “...el método mas efectivo, sin embargo, fue el reclutamiento forzoso, para lo cual se utilizaron todo tipo de tácticas. En Chillan todo hombre sorprendido en la calle después de las diez de la noche era reclutado por el Cuerpo de Carabineros de Yungay. En San Antonio se engancharon todos los trabajadores de los fundos aledaños(...)en los primeros meses del conflicto los reos de la penitenciaria de Santiago, cambiaron la vida carcelaria por la militar, contribuyendo de paso a aliviar los graves problemas de hacinamiento carcelario y de inseguridad ciudadana(...)un viejo oficial decía, ¡malos cuidadnos, buenos soldados!, en Quillota un juez ofreció enganchar a todos los ebrios que llegaran detenidos”

Los Prisioneros de Guerra

Los propios soldados hacían prisioneros, porque: “...durante la Guerra del Pacifico no se organizaron las unidades para la custodia de prisioneros, sino que las mismas tropas combatientes cumplían esta función en forma transitoria” .
El buen trato a los prisioneros es mencionado por Gustavo Rodríguez, periodista peruano del periódico “El Nacional de Lima”, quien presencio la batalla de Tacna: “...es necesario decir la verdad en todo, aún cuando refluya en elogio de un enemigo(...)nuestros prisioneros no han sido maltratados por nuestros enemigos, al menos aquellos de graduación un poco alta.” .
Entonces ¿como podemos entender el “repase”, y los actos de salvajismo y de masacres despiadadas de parte de soldados los chilenos?. Estos actos salvajes: “no se entienden con la cantidad de heridos y prisioneros resultantes en las batallas, ni con el sin numero de los que fueron enviados a Valparaíso, donde se las recluía y atendía, y los cientos y cientos enviados a los puertos peruanos, y los contingentes bolivianos dejados en libertad, para dirigirse a su patria. El despacho de peruanos al Callao era una acción meritoria, y también imprudente, pues en poco tiempo podrían volver a tomar las armas” .
El Estado chileno se hizo cargo de los prisioneros de Guerra, mediante dos mecanismos: Primero a través del amedrentamiento y la amenaza al prisionero. “Una gran cantidad de prisionero y heridos fueron dejados en libertad para regresar a su patria, bajo palabra de honor de no volver a empuñar un arma contra Chile. Si el ex prisionero no cumplía su palabra y era apresado en otra batalla, seria fusilado” .


El segundo mecanismo fue mediante el secuestro, el rapto del prisionero de guerra, que es llevado a la patria del ejercito victorioso.
De esta forma, gran cantidad de prisioneros fueron llevados a Chile y ubicados en distintas localidades de Atacama en el norte chileno, San Bernardo y Rancagua en la zona central de Chile.
Tenemos un relato muy interesante de esta ultima ciudad.
Luego de la batalla de Calama llegan 34 prisioneros bolivianos; 8 eran oficiales y 24 soldados. Al llegar a la ciudad en el tren de las 7 de la tarde: “...el gobernador expreso a los oficiales, que por esa noche recibirían la hospitalidad de los vecinos, y que a contar del día siguente, podrían circular libremente dentro de la población(...)una docena quedo en la ciudad, en casa del convento, e incluso en la del gobernador, recibían habitación, comida y ropa gratis, además de 50 centavos diarios los oficiales, y veinte centavo los soldados, de suledo.”


Con este trato habrá aprendido a conocer, una realidad distinta de lo era este país con quienes circunstancialmente eran sus enemigos. Inclusive recibían correspondencia normal de sus familiares y amigos.”

La Intendencia de Atacama, la Municipalidad de Copiapó, y El Batallón Atacama, se hicieron cargo de los prisioneros, que el batallón capturo.
Así el 7 de noviembre de 1879, el Comandante General de Armas de Atacama remitía el siguiente comunicado al Comandante del Batallón Cívico: “Preparase para recibir en el hospital de sangre los primeros 5 prisioneros heridos, algunos de los cuales se hacen acompañar por sus mujeres y a los 51 prisioneros de Pisagua, los que permanecerán bajo custodia en el cuartel de policía por parte del personal del mismo batallón. Disponiéndose a demás hacer llegar una
copia de la lista entregada por el oficial que vino de Caldera con los prisioneros” , que eran en su mayoría bolivianos.
Otro comunicado expresaba: “...el sábado 8 del corriente llego el tren extraordinario que conducía los heridos del Atacama y algunos prisioneros de los tomados en Pisagua. Los segundos fueron depositados en el cuartel de policía i los primeros en el hospital de sangre, donde se les tenia preparado un excelente i cómodo local. Los curiosos que se habían aglomerado en la plaza bien poco pudieron ver si no fue desembarcar a los prisioneros”


Los gastos generados por los prisioneros debían ser asumidos en su totalidad por el gobierno local, gastos por lo demás onerosos, en virtud de la escasees de recursos, pues estos se disponen en su totalidad para la guerra. Tal ves por eso se publicaban los gastos destinado al cuidado de los prisioneros, pues el “Atacama” anunciaba en un apartado: “Gastos de Prisioneros. El gasto que han ocasionado los prisioneros peruanos i bolivianos existentes en esta ciudad asciende a 186 pesos y 98 centavos. Esos gastos provienen del pago de hotel, manutención, lavado, luz y lumbre correspondiente al mes de enero que acaba de espirar”.


Ya anteriormente Guillermo Matta, Intendente de Atacama y Comandante General de Armas de la Provincia, le había comunicado al Ministro de Guerra el 03 de diciembre de 1879 lo siguiente: “...he expedido el siguiente decreto para pagar los gastos ocasionados por los prisioneros de Pisagua que existen en esta ciudad, por lo que respecta a su alimentación i ropa que ha habido necesidad de comprarle. Debo prevenir a US: que a los prisioneros se les ha surtido de aquello mas indispensable que necesitaban, como vera US. Por las planillas y comprobantes que tengo el honor de adjuntarle. Fdo. G. Matta.” .
Los prisioneros serian custodiados por los Bomberos. Este cuerpo de voluntarios bomberiles fue ofrecido por el Comandante de Bomberos de Copiapó, al gobierno chileno. El que decreto el 15 de abril de 1879, la creación del “Cuerpo de Bomberos Armados de Copiapó”.


Estos habían sido armados, pues la Guardia Municipal había sido incorporada al Batallón Atacama. Su función no fue solo la de custodiar a los prisioneros y asegurar “el orden y la seguridad”, sino que además debían combatir el fuego, asegurar el suministro de agua a la ciudad, apoyar en las labores del hospital de sangre, contactarse con los familiares de los soldados muertos, y acompañar los restos mortales de los caídos del “Batallón Atacama”, al cementerio.

Es de imaginar que la captura de algunos de los prisioneros genero momentos de tensión entre el soldado victorioso y el derrotado. Las acciones de los combatientes en los escasos segundo previos a una rendición, pueden ser la diferencia entre la vida o muerte. Sobre todo si no se contaba con la simpatía del soldado vencedor. “El Atacama” escribía luego del triunfo en Pisagua: “ la especie de consideración que se guarda a los bolivianos respecto de los peruanos, no es en manera alguna fingida, como lo hacen creer estos, sino un sentimiento que hasta nuestros soldados participan. Gregorio Palacio, capitán Boliviano entrevistado en el “Loa”, nos cuenta que le cayo una bomba de la Ohiggins, apenas vuelto en si, el señor Palacios se encontró al frente de tres soldados del Atacama, que acababan de asaltar la trinchera. Los soldados que lo acompañaban fueron muertos a tiros, i viéndose solo el capital Palacios declaro que estaba rendido. Entonces uno de los soldados chilenos repuso: No se escapa ningún peruano. I al mismo tiempo le apunto su rifle. A penas tuvo tiempo Palacios para desviar el rifle y decir. Pero yo soi boliviano. El mismo soldado que le había amenazado repuso; Ah, es boliviano?, entonces pase al centro”
Prisioneros Bolivianos en “Alto de la Alianza”


Luego de la batalla de Tacna o Alto de la Alianza, el ejercito chileno toma una cantidad importante de prisioneros:”...los prisioneros hechos, contando con los heridos, casi llegan a 2.500. Entre ellos dos generales, 10 coroneles y gran numero de jefes y oficiales” . Otro registro señala:”...los prisioneros alcanzan a 1500, sin contar coroneles y oficiales peruanos y bolivianos. En el registro que luego se hará de la población es seguro que caerán muchos mas, de los que hay escondidos en algunas casas, según se asegura” .


Cabe destacar que luego de esta batalla, las tropas chilenas guardan un comportamiento ejemplar, en especial con las tropas bolivianas, como lo señala el periodista Flavio Machicado, del diario paceño El Comercio: ”...el ejercito vencedor prodigaba con marcados rasgos de consideraciones i hasta de generosidad a los prisioneros bolivianos, siendo el que habla testigo ocular de la verdad, con motivo de haber sido tomado prisionero en la misma tarde del 26 por un piquete de caballería” .
A la luz de lo expuesto, no cabe duda de las consideraciones del soldado chileno para con el boliviano. Este las acepto de muy buena gana, mas aun si la mentada “Alianza” con el Perú no tenia sólidas bases de compromiso y lealtad. Al parecer la presencia de tensiones entre la tropa, también existía.


Perú no confiaba en su “aliado”, y por eso “...varios historiadores que han estudiado el tema, coinciden en creer que Bolivia aceptaría finalmente un acuerdo con Chile y contra el Perú.” . Por ello la historiográfia peruana ha señalado que el tratado secreto contra Chile, fue un mal negocio: “Basadre se pregunta. ¿Porque se amilano la diplomacia peruana ante el conflicto chileno-argentino de 1874 y 1875?, Si una clara previsión estratégica indicaba que el avance de Chile hacia el norte era implacable. ¿no convenía mas tratar de detenerlo en buena campaña(Argentina y no Bolivia) o descartar alianzas?.
Finalmente chilenos y argentinos llegaron a un acuerdo y Argentina quedo al margen del conflicto”.
Estas dudas de los peruanos se generan luego de que el general y dictador boliviano Hilarión Daza, al mando de unos 3000 bolivianos marchara de manera errada y vacilante, al encuentro de los chilenos luego de que estos desembarcaran en Pisagua. Tomás Caivano se preguntaba: “¿Cual fue el motivo de tan extraño y culpable proceder del general Daza?. Del uno al otro extremo de las republicas aliadas, Perú y Bolivia, no corría mas que una sola voz. Daza ha hecho traición.(...)no quedaría otra lógica explicación que dar, sino la de que obrase en consecuencia de secretos acuerdos tomados con Chile” .
¿Estos sentimientos de desconfianza, de falsas lealtades, también afectaron a las tropas de sus ejércitos?, no podemos aseverarlo totalmente, sin embargo algunas notas y partes de guerra nos pueden dar luces al respecto.
“Tacna, abril 1ero de 1880.


Sr. General Montero.
Arica.
Mañana se ejecuta ah. 12 a.m, un Subteniente del Ejercito Boliviano por hecho que no constituye delito, como defensor suyo y nombre de la oficialidad del regimiento “Libres”, me dirijo a US a fin de que evite a toda costa efusión de sangre boliviana.
Buitrago, Jorge Williams”

Otro parte fechado durante el mismo día, señala:
“Tacna, abril 1ero de 1880.
Sr. General Montero.
Arica.

He tomado tres bolivianos desertores de gendarme enrolados en su ejercito, no puedo castigarlos con severidad...en el tren de hoy te los remito para que los mandes al Manco Cápac unos días y luego hagas de ellos lo que te parezca.
El tren saldrá a las 4 pm.
Ten la carga lista.
Solar”.


Las derrotas sufridas por los ejércitos de la “Alianza”, eran motivos de conflicto. Los peruanos les culpaban a los soldados bolivianos el no pelear valientemente. Un periodista boliviano escribía lo siguiente luego de la derrota sufrida en Tacna: “...la opinión del ejercito chileno sobre el comportamiento del ejercito boliviano en el campo de batalla, se manifiesta generalmente favorable i justiciera. El testimonio ingenuo de jefes, oficiales i soldados enemigos, en nada se inclina a desmerecer el aporte valeroso del soldado boliviano, i por el contrario, da por mui bien sostenida de su parte la defensa en el Alto de la Alianza(...)este testimonio que lleva consigo la mas severa imparcialidad, ha debido en algún modo abonar la conducta del ejercito boliviano, unánimemente tachado de cobarde i acusado de desleal por gran parte del ejercito aliado i pueblo de Tacna.” .
Recordemos que la derrota en Tacna significa la retirada definitiva de los bolivianos del conflicto, situación que derrumbo definitivamente las bases de la “Alianza”.
Creo que no es aventurado pensar que algunos soldados bolivianos se entregasen voluntariamente a las tropas chilenas. Preferían rendirse al soldado chileno, que sufrir la ira del pueblo peruano. Esto porque los peruanos culpaban a los bolivianos del gran descalabro sufrido: “Algunas clases vulgares de la sociedad, entre mujeres, militares y particulares, se ensañaban propinando voces, improperios contra el ejercito boliviano, atribuyendo a la cobardía y mal comportamiento de este, la derrota de las fuerzas aliadas. Soldados bolivianos, abatidos por el cansancio, la sed, la decepción de la derrota, eran perseguidos con amenazas, insultos, maltratos i humillaciones, a su paso por las calles de Tacna, sin otro recurso que el silencio para su amargura moral en ese funesto día.”


Estos soldados bolivianos que huían en desbande, sin oficiales que les dirigieran, embriagados por la rabia de la derrota, urgidos por una posible persecución de la caballería chilena, y como una forma de vengar las vejaciones sufridas por sus “aliados peruanos”, proceden a saquear los poblados que se encontraban en su camino de retirada: “...las tropas bolivianas han hecho un saqueo devastador por donde han pasado, se han llevado brigadas enteras cargadas con cuanto encontraban, y hacían fuego a los que se defendían(...)la opinión unánime del ejercito y la mía, y la de todos, es no volver a pelear mas junto a los bolivianos ”

Prisioneros Bolivianos en Copiapó.
Algunos de los prisioneros capturados para salvar sus vidas alegaban enganches forzados, esto se encuentra constatado en un sin numero de documentos. Importante recordar que los “enganches forzados”, se realizaban sobre todo en las sierras y el altiplano, afectando en mayor medida a la población indígena.
Rafael Torreblanca en carta a su hermano Manuel, le contaba que luego de la batalla de San Francisco, recorriendo el campo de batalla, toma prisionero a un soldado “...en seguida se arrodillo y quiso besarle la mano al Teniente Arce: ¡no me mate taita, A mi me han traído amarrado para hacerme soldado!(...)creo que hasta hora no se han entregado ningún prisionero sin repetir ¡no me mate tatai, me han traído amarrado!”


Podemos señalar que los prisioneros ubicados en la provincia de Atacama, sirvieron como fuerza de trabajo en las minas del sector, ya que estas habían visto reducida su capacidad productiva y mano de obra, producto de que sus trabajadores se habían incorporado al “Batallón Atacama”, por esta razón, la ubicación de estos prisioneros en las faenas mineras fue de suma importancia para la continuidad de la producción minera de Atacama.
Respecto del trabajo que los prisioneros pudieran realizar en labores agrícolas del sur del país, no tenemos mayores antecedentes.


Pero el siguente dato nos da alguna luz, respecto de la llegada de prisioneros bolivianos a la ciudad de Rancagua: “Algunos hacendados pidieron llevarse prisioneros hacia el campo a trabajos remunerados” .
Aplicando una lógica capitalista, podremos decir que donde existan recursos disponibles el hombre los aprovechara. Y así aprovecharon los hacendados, propietarios, empresarios y capataces, la fuerza de trabajo que estos contingentes de prisioneros les proporcionaba. Otro tema era el disiplinamiento del futuro peón, bajo nuevas condiciones de trajo y ambiente.
Pero estos prisioneros ubicados en las faenas mineras de Atacama, ¿habían sido mineros en su país, tenían experiencia en la extracción minera, o era neófitos?. Pensamos que pudo haber ocurrido en algún momento una ubicación selectiva de los prisioneros. Aquellos que vivían en localidades mineras de Bolivia o el Perú, fueron ubicados en localidades mineras. De esta manera, no solo logran descongestionar las cárceles y cuarteles de policía, sino que además, con su experticia en el trabajo minero, sirvieron de peones en las minas.


El Intendente Guillermo Matta envía un telegrama al Ministro de Guerra, el 7 de junio de 1880: ”los ciento ochenta prisioneros se han repartido entre propietarios que inspiran confianza . Sesenta han quedado en los minerales de Caldera, cien han ido al mineral de Chimbéros, y el treinta restante han tenido que ir al hospital a medicarse. Viene enfermos de terciana y disentería, i luego que mejoren irán a alguna faena. Rogaría a US. Que me autorizara para comprar a esta gente siquiera una camisa, i pantalones, han llegado desnudos i descalzos.” .
Esto nos dice del mal equipamiento y estado deplorable, en el que se encontraba el ejercito boliviano, antes y durante el conflicto. Tomas Caivano se refiere a ello incorporando en su relato un informe enviado al General Buendía, momentos antes de partir al combate:


“ Como a usted le consta salió el ejercito de Iquique casi desnudo, muy próximo a quedar descalzo, desabrigado y hambriento, a luchar antes que con el enemigo, con la intemperie y el cansancio” . Pero no solo eso, además el estado de sus armas distaba mucho de ser el mejor: “Bolivia se encontraba completamente desprovista de un buen armamento(...) no poseyó jamás un cañón ni siquiera como objeto de curiosidad, no podía batirse con Chile sin antes armarse convenientemente, dejando a un lado sus viejos y enmohecidos fusiles de treinta o cuarenta años atrás” .
Un soldado del Regimiento Zapadores, señalaba a un periodista chileno, luego del asalto de Pisagua: “¡Mire que traza señor, pantalones de bayeta, blusa de lo mismo, i estos calamorros del tiempo del ñauca, pero mire vea el quepí!; El quepí que tanto llamaba la atención del zapador, era en efecto un bonete de cartón, que ostentaba por visera un pedazo de lata, con algunos cortes en el extremo para sujetarlo al bonete” .


¿Habría sido el estado casi indigente del soldado boliviano, el que llamaba lastimosamente la atención del soldado chileno, y por ello era con el boliviano mas misericorde, que con el peruano?, ¿opero aquí ese “sentimiento samaritano”?.
No lo sabemos, lo que si queda claro, es del benévolo trato que estos recibieron en Copiapó, y del respeto que la mayoría de la población, tenia con ellos. El diario Atacama señalaba el 18 de junio de 1880 que: “En el tren de la tarde llegaron hoy de Caldera 120 prisioneros bolivianos, todos ya contratados para las minas. Han sido por lo pronto alojados en el cuartel de policía. Gran concurrencia asistió a la llegada, y no tenemos palabras bastante enérgicas para deplorar la torpe conducta de algunos muchachos mal criados que trataban de formar pifias i silbatinas en contra de esos infelices. Felizmente para el buen nombre de nuestro pueblo, esas indignas manifestaciones no encontraron eco sino en unos pocos ociosos borrachos, y toda la gente honorable que allí había se condujo dignamente i condeno el proceder de esos muchachos y esos borrachos. ¿No tiene padres esos niños, no tiene maestros?. La policía debió tomar a los bribones que con estúpida conducta, degradaban a nuestro pueblo. Decimos bribones, porque solamente los cobardes y los pillos son capaces de no respetar el cautiverio, de los que caen defendiendo valientemente la causa de su patria”
El diario Atacama informaba el 18 de junio de 1880 que: “...Sesenta prisioneros también bolivianos, quedaron en Caldera todos contratados para el mineral El Algarrobo” .


Días mas tarde, el 22 de junio de 1880, el mismo diario anunciaba:“...desde esta mañana se dice que 600 prisioneros vendrán a Copiapó para ser remitidos a Cerro Blanco y la Mina Buena Esperanza. Donde tendrán colocación ventajosa en su indefinido cautiverio. ¿Los nuestros de otro tiempo, tendrían igual pichincha en el Perú? .

Pero ¿que ocurre con estos prisioneros, una vez terminada la guerra?, ¿Existido algún tipo de integración entre los prisioneros y algunos ciudadanos, o familias copiapinas?, y si esto ocurrió, ¿se radican en Copiapó, casándose y formando familia en esta ciudad, o regresan a su patria?. Como este trabajo es una investigación preliminar, la falta aún de mayores datos, nos impiden determinarlo. No obstante eso, una curiosa lapida. La Nº 238 del Cementerio de esta ciudad, tiene grabado lo siguiente:

AQUÍ YACEN LOS RESTOS MORTALES DEL EX CABO DEL BATALLON AROMA DEL EJERCITO BOLIVIANO.AMPAÑA DE TACNA.AÑO 1879.9 de noviembre 1925. Copiapó.

¿Que hacia este cabo del “Batallón Aroma” del ejercito boliviano enterrado en Copiapó?, ¿Quién era Fernando Yánez?
Según las fuentes que tenemos a nuestra disposición, sabemos que el “Batallón Aroma” de Cochabamba, era un cuerpo de infantería que estaba compuesto por el “Aroma“ Nº 1, “Aroma” Nº 2 y “Aroma” Nº 4; también llamados los “verdes”, por el color de su uniforme. Lo dirigía el coronel boliviano Belisario Antezana y se encontraba en la guarnición de Mejillones, antes de entrar en combate.
Lucharon en la batalla de Dolores, donde formaba la segunda línea en la reserva. Se encontraba al mando del general Villamil. Además del “Aroma” se hallaban los batallones bolivianos Victoria, Vengadores y Colchechalca. También participa en Tacna, donde fue dirigido por el coronel boliviano Eleodoro Camacho, que bajo las ordenes del Contralmirante Lisandro Montero: “...en la segunda línea, o de reserva, se ubicaban cuatro batallones bolivianos: Murillo, Colorados, Aroma y Zapadores” . Como se aprecia, siempre estuvo en la reserva, y solo combate en las dos acciones mencionadas.
Una primer vistazo y análisis del mapa que se presenta en el libro, “La Guerra del Pacifico”, Vol. II de Pascual Ahumada; indicando el orden de batalla de los ejércitos chilenos y aliados durante la batalla de Tacna; nos permitiría establecer que el Batallón Aroma choca en diagonal, con el “Batallón Atacama”, y en menor medida con el “Coquimbo”; que llegara luego de empeñado el combate, a reforzar el avance de la II división.


Lisandro Montero nos señala en su parte de guerra, luego de la derrota de Tacna: “Los fuegos del enemigo se desarrollaron por el ala izquierda, por cuya razón el señor director de la guerra me pidió refuerzos que inmediatamente envié, haciendo avanzar los batallones Alianza i Aroma del ejercito boliviano que tenia a mis ordenes.” .
Este heroico batallón sucumbirá casi en su totalidad, ante el avance de los chilenos, como lo señalara un periodista chileno:”...todo el estremo del ala izquierda del enemigo estaba verdaderamente sembrado de Colorados i Aromas que se batieron como leones”.


Si estos regimientos se encontraron en el fragor de la batalla, y lucharon entre si, no es descabellado pensar entonces, a la luz de lo expuesto, que este soldado fuera hecho prisionero luego de la batalla, por los soldados del Atacama, y que luego fuera enviado a Copiapó para su reclusión.
Esta hipótesis ha siso desechada, pues de los partes de guerra escritos por el coronel del “Atacama” Juan Martínez, nunca es mencionado este batallón.


Por el contrario, el parte de guerra escrito por M. Urreola, jefe del “Batallón Cívico de Artillería Naval”, luego de la batalla de Tacna, nos revela que el “Aroma” combate contra el “Navales”: “...el arrojo que ha tenido que desplegar nuestra división para dar nuevos y mayores triunfos a la patria, luchando contra los batallones “Colorados de Daza”, “Aroma”, i otro de los mejores cuerpos del ejercito boliviano” .


De igual forma, “ El Ferrocarril” señalaba: “La Artillería de Marina, a las ordenes inmediatas de su comandante Vidaurre, adelanto dos de sus compañías guerrilleras(...)la primera división que estaba a su vanguardia sosteniendo desigual combate con el “Aroma” y otros cuerpos del ala izquierda y centro del enemigo y de la derecha de la división Camacho”
Como se ha señalado en paginas atrás, eran los propios soldados los que hacían prisioneros. Y si el Atacama no choca contra el Aroma, ¿En que momento entonces, Fernando Yánez queda bajo la guardia del “Atacama”?, ¿será que el cabo Fernando Yánez, era minero, y por tanto fue designado a esta ciudad, para trabajar en la faena minera del sector?
Preguntas sin respuestas. A pesar de ello creemos que lo importante es la llegada de este cabo a Copiapó, llegada que se prolongara hasta el fin de sus días. Pero ¿por qué?


Al parecer la categoría “adaptación en resistencia” pudo haberse activado en la estructura mental de este prisionero de guerra. Para no ser humillado, pasar malos ratos, o perecer, es preciso integrarse, ser flexible de carácter, aunque sea mediante falsas lealtades, es precioso adecuarse a las nuevas circunstancias, con el objetivo de sobrevivir.
Esta premisa pareciera tomar fuerza, al analizar una interesante carta que escribe, el general Hilarión Daza a un oficial boliviano preso en Rancagua, luego de la batalla de Calama: “...dos palabras, un consejo y una esperanza, mientras me llega la oportunidad de verlo en esa, para darle un fuerte apretón de manos y premiarlo convenientemente: sufra con paciencia poco tiempo mas, procure estrechar relaciones con todas las familias de esa ciudad, de donde usted y no otro será su futuro y no remoto gobernador”
El propio general boliviano da la pauta, de mantenerse sumiso y paciente en el cautiverio, mientras tanto, es preciso generar lazos de confianza con los captores, vigilantes, con las familias, los ciudadanos, y los capataces que lo vigilan en cada momento. De esta manera podrá resistir estoicamente el cautiverio, hasta su liberación.
Pero al parecer, esta generación de confianzas, que se crean entre Fernando Yánez y sus captores, llega mas allá. Tanto así que luego de terminada la guerra, este cabo boliviano, decide quedarse a vivir en Copiapó.

El fallecido profesor de Historia del Liceo de Hombres de Copiapó, Don Eduardo Naveas Echiburú, publico un articulo referente a este ex cabo.


El articulo aparece en la revista “Iris” en su edición de aniversario numero 75, y es titulado “De prisionero de Guerra, a portero del Liceo de Hombres”.
En este pequeño articulo, Naveas Echiburú, señala: “...primero se hizo trabajador de las minas de Chimbero, durante el auge de ese mineral. Era hombre servicial, muy económico, que fue juntando moneda a moneda para salir de la situación de miseria en la que se hallaba al llegar a Copiapó. Después entró como portero a la Intendencia, y tiempo después llego al Liceo de Hombres, donde el Rector le dio una plaza de portero(...)ante las perspectivas de un mejor sueldo, dejo su empleo y paso a ejercer estas mismas funciones en el Banco Anglo”.


Al parecer allí trabajo hasta su muerte, acaecida en 1925, según nos señala Naveas Echiburú.
El mismo autor nos señala que al momento de su sepultura, un batallón del entonces Regimiento OHiggins, acompaño los restos de este soldado, como era costumbre realizar, con los restos mortales de los veteranos del Batallón Atacama. Este cortejo fúnebre de parte del Ejercito chileno, nos da a entender, que era muy apreciado por la ciudadanía y las autoridades de Copiapó, como comenta el autor, al señalar que:”...la diaria convivencia de tantos años, borro su condición de prisionero de guerra” .
Nos llama la atención la gran cantidad de dinero que acumulo durante su estadía de cuarenta y cinco años en nuestra ciudad: “...su situación económica fue mejorando día, a día. Logro acumular un capital que en momento de su muerte ascendía a la cantidad de cien mil pesos, suma considerable para la época, si se considera que con cinco mil pesos, se podía adquirir una propiedad edificada”
Este dinero no se perdió al momento se su muerte, pues lego una cantidad importante a la Sociedad de Artesanos de Copiapó y: “...encargo a su albacea don Amadeo Beluzan, que remitiera por intermedio de la Embajada de Bolivia en Santiago, al gobierno de su patria, la cantidad de cincuenta mil pesos, para el principal hospital de la Paz, como recuerdo cariñoso de la tierra que lo vio nacer”


Además lego una propiedad en la Calle Mackenna, a la viuda de su gran amigo, el Cabo segundo Juan Domingo Maldonado, de la segunda Compañía del “Batallón Atacama”, que según Naveas Echuburú,“era amigo de muchos años”.
¿Será este soldado el que lo apresa luego de la derrota aliada en Tacna?; ¿Domingo Maldonado lo salvo del “repaso” de las bayonetas chilenas durante la batalla, generando una suerte de amistad firmada con sangre?, ¿Entablaron amistad durante la ubicación de los presos en su lugar de reclusión?. Son preguntas que esperamos despejar prontamente.
A pesar de estar enterrado en el Cementerio de Copiapó, la carencia de datos es desconcertante. Los datos personales del soldado Fernando Yánez, no aparecen en el libro Mayor del Cementerio, solo esta ingresado como difunto, en los nichos ubicados en la vereda norte del cementerio. Además constatamos que la fecha de defunción ingresada en el sistema computacional difiere de la señalada en la lapida( 29 de noviembre de 1925), la fecha que aparece en el sistema es el 29 de febrero de 1923.

Esta dudas esperamos despejarlas pronto, una vez que accedamos a otras fuentes de información, fuentes lejanas para nosotros, pues los Archivos de la Intendencia de Atacama, para esa fecha se encuentran en Santiago, al igual que los partes originales de guerra, y de la policía militar, para colmo, el Archivo Municipal de Copiapó, carece de registros completos para los años 1879 a 1884, además gran parte de los archivos del Cuerpo de Bomberos Armados de Copiapó, se quemo en un voraz incendio, a principios del siglo XX.
Con todo, seguiremos pesquisando esta interesante historia, esperando llegar en algún momento, a determinar el verdadero grado de integración de este prisioneros boliviano, en la ciudad de Copiapó.

ELENCO DE FUENTES

Sergio Villalobos R. “Chile y Perú, la historia que nos une y nos separa 1535-1883”. Editorial Universitaria, Santiago de Chile 2004.
“Boletín de la Guerra del Pacifico 1879-1881”. Editorial Andrés Bello. Santiago de Chile 1979.
Crl. Sergio Rodríguez Rautcher. “Problemática del soldado durante la Guerra del Pacifico”. Edimpres Ltda. Santiago de Chile 1984.
Pascual Ahumada Moreno, “La Guerra del Pacifico”, Vol. II. Imprenta Progreso, Valparaíso 1884.
Sergio Fernández Larrain, “Santa Cruz y Torreblanca”. Editorial Mar del Sur, Santiago de Chile 1979.
Rene Leiva Berrios. “Héroes desde mi pueblo” Ensayo histórico. Mención Honrosa Concurso Literario “Gabriela Mistral”. Ilustre Municipalidad de Santiago. Chile 1980.


Crl. Rodrigo Igor Mora. “Historia Militar de Copiapó”. Comercializadora Grafica y de Eventos Ltda. Copiapó 2001.
“Comandancia General de Armas de Atacama(1879-1880)”, Libro A. Constancia escrita de los documentos de Don Guillermo Matta escritos y recibidos durante la Guerra del Pacifico. Copiapó 1883.
Gonzalo Bulnes, “Resumen de la Guerra del Pacifico”, Editorial del Pacifico, Santiago de Chile 1976.
Revista “Iris”, Edición Aniversario numero 75. Dirección Eliana Romano G. Empresas Periodísticas Atacama. Copiapó 1992.
Tomas Caiviano, “Historia de la Guerra del Pacifico”, Corporación Editorial Chirre S.A. Lima, Perú 2004.
“Partes Oficiales de la Guerra con Chile”. Selección, prefacio y notas de Rogger Ravines. Editorial Los Pinos E.I.R.L. Lima 1992.
“Compendio Perú Histórico”. Milla Batres. Vol. VII Luis Durand Flores. Editorial Milla Batres. Lima 2005.

FUENTE DE REFERENCIA

“Comandancia General de Armas de Atacama(1879-1880)”, Libro B. Constancia escrita de los documentos de Don Guillermo Matta escritos y recibidos durante la Guerra del Pacifico. Copiapó 1883.
Abraham Quiroz e Hipólito Gutiérrez, “Dos Soldados en la Guerra del Pacifico”, Editorial Francisco de Aguirre Buenos Aires , Argentina 1976.
Arturo Benavides Santos, “Historia Compendiada de la Guerra del Pacifico”. Editorial Francisco de Aguirre Buenos Aires , Argentina 1972.
Oscar Pinochet de la Barra, “Testimonios de la Guerra del Pacifico”, Editorial del Pacifico. Santiago de Chile 1978.
Oriel Álvarez G. “Atacama de Plata”, Ediciones Toda América, Copiapó 1979.
Rafael Sagredo y Cristian Gazmuri, “Historia de la vida privada en Chile”, Vol. II, Ediciones Taurus. Buenos Aires Argentina 2006.
Encina y Castedo, “Resumen de la Historia de Chile”, Tomo III, Editorial Zigzag, Santiago de Chile, 1954.

 

La Guerra del Pacifico ”Gloriosos Batallones de Atacama” Héroes por Siempre. www.batallonesdeatacama.org Por Felipe Varas Erazo.