El Corvo Atacameño.

 

Imagen del Subteniente José L. Herrera Gandarillas, tomada en Antofagasta el 20 de febrero de 1879.

 

 

El corvo Atacameño se caracteriza por tener un triangulo en el sector del termino del mango justo donde está marcado con el círculo rojo los artesanos atacameño lo colocaban como una especie de firma o de marca para caracterizar tales corvos Atacameños durante la Guerra del Pacifico.

Por Felipe Varas Erazo.

 

Historia del Corvo.

El corvo es un arma que aparece recurrentemente en la literatura y episodios históricos de Chile. La primera referencia escrita al corvo aparece en La Araucana, poema épico de Alonso de Ercilla y Zúñiga, descrito como cuchillo de utilidad. De acuerdo a lo anterior, el corvo llegó a Chile con los españoles, ex-militares de los Tercios de Carlos V, que habían combatido en las batallas de Flandes y Pavía, según cuenta Francisco Antonio Encina en su Historia de Chile. El origen del corvo, como se conoce en Chile al susodicho cuchillo de marras, debe buscarse entonces en las provincias de España, ya que esta soldadesca provenía del País Vasco, Extremadura, Andalucía y Castilla y León. Un cuchillo muy similar, pero más pequeño y liviano, es conocido en la península Ibérica como cuchillo de marras y fue usado en las vendimias como herramienta agrícola. No obstante, sólo en Chile desarrolla un tamaño y peso que lo vuelven poco útil para faenas tales. Dada la economía basada en la ganadería en el Chile colonial (Siglo del Sebo), evolucionó su uso y su masificación por el "roto" (gañan, huaso o trabajador ganadero) quienes además lo usaban obviamente como arma de defensa. No se encuentran, no obstante, rastros de esta arma como tal en otros lugares de América. Uno de los primeros registros sobre el corvo es de 1634 cuando se hiso una prohibición para que ningún indio, negro, mestizo y plebe o vulgo en general usara un cuchillo alfanje o catán de forma curvada usado por los indígenas durante el gobierno de Jauregui. En Argentina el corvo puede haber ingresado durante la colonia a las provincias de Mendoza, Jujuy y Santiago del Estero, debido al alto intercambio sostenido en esa época, o haber entrado por la anexión de los reclutas chilenos al Ejército Libertador del General San Martín, pero de todas formas ha sido muy poco difundido, pese a que hoy existen cuerpos del Ejército Argentino que lo utilizan en forma oficial.

En Chile, el corvo ya era conocido en las pampas y en las zonas agrícolas antes de la Guerra por la Independencia (1810), cuando era usado para cortar cueros, sogas y ramas, y también para escarbar la tierra en busca de vetas de salitre y minerales. También existen múltiples referencias a su uso como arma en duelos y grescas durante la Colonia y, posteriormente, durante la República, según Oreste Plath en su ensayo El Lenguaje de los Cuchillos. Además es muy mentado en los cuentos de las zonas rurales, en especial en los de bandidos, cuatreros y rotos en general.

Como arma de combate, el corvo aparece en la Guerra contra la Confederación Perú-Boliviana (1836-1839), donde fue llevado al frente de forma irregular sin formar parte de las armas reglamentarias, como lo demuestran sus diferentes materiales, tamaños y formas de estas reliquias y la no inclusión en los uniformes oficiales. Los campesinos reclutados lo llevaron como cuchillo de utilidad y de autodefensa, encontrándose aún reliquias en museos, hogares, en la pampa chilena y en la sierra peruana.

Su valor como arma militar quedó afianzado en las campañas terrestres de la Guerra del Pacífico (1879-1884), en particular en el Asalto y toma del Morro de Arica el 7 de junio de 1880. Francisco A. Machuca, en Las cuatro campañas de la Guerra del Pacífico (1928), narra:

Las tropas montadas labran con él estacas para atar el ganado. Los infantes cortan fajina para sus chozas y leña para el rancho; con él se abren las latas de conserva, se desuella un cordero, y en los entreveros, presta inapreciables servicios como arma corta y silenciosa. Nuestro soldado no va con equipo completo si carece de él. Su uso -sugería- debiera ser reglamentario y obligatorio"
Según cuentan leyendas, para volverse más agresivos, fuertes y resistentes los soldados chilenos solían beber un brebaje conocido como Chupilca del diablo, sobre todo cuando asaltaban una posición enemiga con sus corvos.
Su uso en Perú dio origen a otro versión, propia de ese país, descrito po sir Richard Burton en su The Book of the Sword, siendo muy parecido al chileno pero con la hoja más ganchuda y el mango más ancho y cónico. Algunos historiadores peruanos dicen que el origen del arma fue inversa, por la influencia incaíca en Chile, presumiendo que los incas tenían un arma similar.

Según Oreste Plath los corvos se dividían o clasificaban en los de lujo, hechos de forma cuidadosa, con un mango hecho de varios anillos de hueso, madera, bronce o piedras; estaría también el popular hechos de cualquier material como herramientas; y el historiado que llevan incrustados en su hoja círculos de metal blanquecino o grabados con árboles de la muerte,[2] Ojos del Ángel, Cruces de Salomón, Motivos de Fuga contabilizado el número de muertos con el arma.

El corvo fue incluido como parte del armamento del Arma de Infantería del Ejército de Chile en 1963. En 1974 esta arma fue estudiada por el Ejército de Chile, como parte de los preparativos ante la posibilidad de guerra con Argentina por el entonces Teniente Azagra por encargo del Capitán José A. Quinteros, quién desarrolló un sistema de combate especialmente para esta arma. Con este propósito entrevistó a los principales corveros de Chile, muchos de ellos cumpliendo condena en cárceles, incluso uno que había ultimado a 7 personas con esta arma en una riña, con el propósito de entender el uso popular como arma de combate cuerpo a cuerpo y diseñar el arma institucional, seleccionando un modelo capaz de cortar limpiamente un grueso clavo de acero, según se cuenta popularmente.

Chile llevó a la frontera con Argentina, por primera vez oficialmente, su corvo, fabricado por FAMAE (Fábrica y Maestranzas del Ejército) en 1978. Hoy en el Ejército de Chile el empleo del corvo se mantiene en forma de instrucción básica de combate para la rama de Infantería y en las escuelas de Fuerzas Especiales (Comandos) de las tres ramas de las fuerzas armadas. También se mantiene para uso conmemorativo y desfiles.

Descripción

Corvo artesanal. Hoja: presenta forma curva, la que le da su denominación, fabricada en acero procedente de hoces, discos de arado, limas, etc. El acero es oxidable siempre con un contenido de carbono relativamente alto, ya que puede afilarse mucho más que la aleación inoxidable, por lo que debería protegerse contra la herrumbre con aceite mineral. La hoja de unos 3-5 mm de grosor termina en punta, la que puede estar entre 10-90º medidos tomando como referencia el eje longitudinal del arma. La hoja es introtorsa; es decir, el filo principal es el interno, pudiendo no estar presente uno externo. Este último puede ocupar una proporción variable del dorso. La hoja continúa como una espiga al interior del mango (full-tang knife).

Mango: posee una cazoleta en el extremo más cercano a la hoja de forma ovalada a rectangular, fabricada en acero o bronce. Esta cazoleta o gavilán protege los dedos contra el arma enemiga, existiendo algunos tan robustos que podrían haber detenido una bayoneta. La parte central del mango presenta bordes poligonales para mejorar el agarre; está hecho de madera, metal, cuerno, asta, hueso, lapislázuli, cuero, etc. Las piezas del mango pueden estar dispuestas de dos maneras: como placas fijadas con remaches a los laterales de la hoja o como rodajas de material ensartadas en la espiga de la hoja y remachadas al final. También puede presentar dibujos para mejor el agarre o estar envuelta en cuero. El extremo del mango (pomo) tiene forma rectangular u ovalada y tiene como función librar la muñeca si es apresada por el enemigo. Existen corvos con pomos de bronce u otro material hechos para dar golpes de revés. También se encuentra, para afianzar el arma y evitar que ésta se pierda, una lienza que se ata a la muñeca.

Típicamente, el corvo es de fabricación artesanal, pudiendo ser forjado por un maestro o por su propio usuario. El corvo es fabricado con materiales de oportunidad, lo que se puede apreciar sobre todo en los mangos. Esto permite determinar la procedencia de un arma y la de su constructor o dueño.

El corvo se lleva en la cintura, sobre el costado anterior izquierdo y con el filo hacia abajo-adelante o sobre el costado derecho con el filo hacia abajo-atrás sostenido por el cinturón o faja, pudiendo usar o no funda. Las fundas también se hallan de materiales diversos, siendo difícil el diseño y construcción por la forma de la hoja y su modo de uso y desenfunde. Además debe ser de un material inerte, ya que el cuero contribuye a la oxidación del metal. El plástico duro es el más usado en los corvos militares.

Tipos de corvos
La forma de la hoja es lo que define al corvo y le confiere su carácter particular. Su filo interior lo distingue claramente de las armas de origen asiático, ya que éstas poseen el filo en su cara externa, al igual que ciertas imitaciones extranjeras.

Los corvos chilenos miden hasta unos 30 cm de longitud, correspondiendo unos 12 al mango y 18 a la hoja (más unos 4 cm que corresponden a la curvatura) y tienen unos 4-5 cm de ancho y 4 mm de grosor en al ricasso. De acuerdo a la curvatura de la hoja se clasifican en dos tipos principales: corvo, llamado también Garra del Puma o Corvo Atacameño del Pico del Cóndor (llamado Pico de Loro en Argentina). En el primero la curvatura es menor de 45º, mientras que en el segundo la curva es menor de 90º. Normalmente, la Garra del Puma es un cuchillo robusto, de cerca de 500 g. siendo usado por la infantería en general, capaz de dar estocadas frontales. El Pico del Cóndor es más ligero (alrededor de 300 g) y algo más largo, su uso era principalmente por los comandos, se usa para dar golpes laterales o descendentes como un hacha. Otro tipo corriente en el Chile viejo es el corvo completamente curvo, con forma de medialuna referido como La Uña del Diablo o Pezuña del Diablo.

El corvo concentra su peso y momentum en la punta o el filo, dependiendo de la ubicación del blanco. La forma del cuchillo permite mecánicamente multiplicar la fuerza del atacante y provocar heridas graves o mutilaciones fácilmente. El corvo siempre tiene una punta muy aguda y un filo extremadamente fino, por lo que debe ser afilado con cierta regularidad. Existen otros modelos de corvo; sin embargo, éstos son de aparición reciente, han sido poco difundidos o corresponden a una adaptación de los anteriores.

Manejo
El corvo es un arma poco convencional y para su correcto (y efectivo) uso se debe estar familiarizado con él, con su peso, sus partes, tacto y balance. El corvo no requiere una gran fuerza, destreza, flexibilidad o agilidad para ser usado con efectividad. Lo verdaderamente importante es la solidez de la muñeca, juzgar bien la medida y saber aprovechar la oportunidad. El corvo se toma como un martillo, con la punta mirando directamente a los pies del enemigo y manteniendo la mano a la altura de la cadera. La mano desarmada se mantiene cercana al cuerpo para contrapesar o se usa para fintear, forzando al enemigo a exponerse.

El Ejército de Chile instruye a la totalidad de su contingente sobre el manejo y empleo del corvo mediante instructores de Combate Especial (sistema Chileno de lucha cuerpo a cuerpo). La forma del corvo permite usarlo de diferentes formas:

Tajo: se da con la cara interior de la hoja. Dentro de la distancia de ataque el corvo corta limpiamente, pasando de un lado a otro del cuerpo. Este golpe se aplica en la panza, ingle, cara, cuello, interior del codo y muñeca.
Revés: se usa la cara exterior de la hoja, va hacia cualquier blanco y se aplica cuando el cuchillo vuelve de un tajo para aprovechar el movimiento, atacando siempre, aún al retroceder. Preferentemente se ataca al rostro para preparar el golpe de muerte.

Zarpazo: la Garra del Puma se clava de forma perpendicular y de arriba abajo al objetivo aprovechando el peso del arma y del brazo, desgarrando al continuar su trayectoria y atrapando al enemigo al tomar contacto con hueso. De esta forma se golpea a la cabeza, hombros y esternón.


Picotazo: el Pico del Cóndor se clava de forma perpendicular al cuerpo y al extender el brazo por completo, hacia dentro se hunde formando una herida curva hacia abajo, lo que permite perforar la cavidad torácica, los ojos o el cuello.
Cachazo: se usa en la corta distancia, pegando con el pomo en línea horizontal hacia afuera o vertical hacia arriba.
La pelea con corvo es brutal y artera; la actitud mental es lo primero y sólo debe buscarse el golpe que da fin inmediato a la contienda, ya que el corvo no tiene aptitud para la defensa, por su peso es lento para bloquear y su forma no permite cubrir un ataque y se reduce en cerca de una pulgada su alcance máximo.

El corvo, una vez que se lanza el primer golpe, no puede detenerse, debiendo emplearse con la máxima violencia y agresividad. Por esto, el primer golpe debe ir a un objetivo vital e incapacitarte y no perderse en atacar las extremidades del enemigo. Quien esgrime un corvo debe esquivar de forma instintiva y sólo al tener a la vista un blanco seguro, atacar. El ataque se realiza a fondo buscando las partes más sensibles y dando golpe tras golpe, rematando al enemigo múltiples veces. La violencia desatada evita, además, la intervención externa, ya que un tercero que intentara intervenir podría resultar malherido.

 

 

La Guerra del Pacifico ”Gloriosos Batallones de Atacama” Héroes por Siempre. www.batallonesdeatacama.org Por Felipe Varas Erazo.